El Bar Varela y la Cantina el Luchador
Los días de primavera pueden llegar a ser muy calurosos en Querétaro, las temperaturas por encima de los 30 grados afortunadamente disminuyen con las primeras lluvias de verano. Por suerte existen infinidad de lugares donde refrescarse; desde establecimientos de helados y paletas hasta variados e interesantes bares y cantinas. El pasado mes de junio visité con algunos amigos dos lugares que ofrecen magnífico refugio del calor primaveral. Ambos sitios están en el barrio de San Sebastián. El primero fue el Bar Varela que se encuentra en Avenida Universidad número 18 , frente al río y a unos 50 metros del jardín de los Platitos. Este establecimiento fue fundado por don Daniel Varela Ponce en 1996 y recibe a la hora de la comida un buen número de clientes, atraídos por lo tranquilo del ambiente, la variedad y calidad de su botana; chamorro de cerdo, tacos de copete, caldo de camarón, menudo, frijoles charros, carne tártara y mucho más. El lugar pudiera parecer pequeño, pero cuenta con más espacio en altos. Las paredes del Bar Varela se encuentran decoradas con casi un centenar de fotografías de Marilyn Monroe, algunas de ellas las clásicas y más conocidas, pero otras resultan interesante novedad. El Vampiro es la especialidad del lugar, este y otros tragos pueden ser servidos en impresionantes bacinicas de peltre; impresionan por el tamaño del trago (medio litro), más que por su escatológico carácter. Por supuesto que hay un gran televisor para seguir el fútbol y una rockola para acompañar bebida y comida con música. Su clientes son grupos de hombres, parejas o incluso grupos de mujeres, el ambiente es tranquilo, definitivamente más de bar que de cantina.
Los días de primavera pueden llegar a ser muy calurosos en Querétaro, las temperaturas por encima de los 30 grados afortunadamente disminuyen con las primeras lluvias de verano. Por suerte existen infinidad de lugares donde refrescarse; desde establecimientos de helados y paletas hasta variados e interesantes bares y cantinas. El pasado mes de junio visité con algunos amigos dos lugares que ofrecen magnífico refugio del calor primaveral. Ambos sitios están en el barrio de San Sebastián. El primero fue el Bar Varela que se encuentra en Avenida Universidad número 18 , frente al río y a unos 50 metros del jardín de los Platitos. Este establecimiento fue fundado por don Daniel Varela Ponce en 1996 y recibe a la hora de la comida un buen número de clientes, atraídos por lo tranquilo del ambiente, la variedad y calidad de su botana; chamorro de cerdo, tacos de copete, caldo de camarón, menudo, frijoles charros, carne tártara y mucho más. El lugar pudiera parecer pequeño, pero cuenta con más espacio en altos. Las paredes del Bar Varela se encuentran decoradas con casi un centenar de fotografías de Marilyn Monroe, algunas de ellas las clásicas y más conocidas, pero otras resultan interesante novedad. El Vampiro es la especialidad del lugar, este y otros tragos pueden ser servidos en impresionantes bacinicas de peltre; impresionan por el tamaño del trago (medio litro), más que por su escatológico carácter. Por supuesto que hay un gran televisor para seguir el fútbol y una rockola para acompañar bebida y comida con música. Su clientes son grupos de hombres, parejas o incluso grupos de mujeres, el ambiente es tranquilo, definitivamente más de bar que de cantina.
El segundo establecimiento visitado fue la cantina El Luchador que se encuentra justo frente el jardín de los platitos, en la esquina de Filomeno Mata y Avenida Universidad. Este lugar tiene cerca de 60 años de existencia y casi treinta años bajo la administración de don Víctor Samayo Tovar. El lugar no podría ser más típico; sus características puertas abatibles, una barra, tras ella la exhibición de botellas y el indispensable espejo. Toda sus paredes están decoradas con fotografías de luchadores y artistas, pinturas, tapices, cabezas de animales y un gran letrero multicolor de neón con en nombre del lugar. Tiene su indispensable rockola y un televisor. ¿Qué más se puede pedir? A diferencia de otras cantinas en la zona, el servicio está a cargo de mujeres, lo cual le da un toque diferente. Su botana es también variada; quesadillas, tostadas de jamón, chamorro, tacos de chicharrón, carne tártara, caldo de camarón, menudo y mucho más. El viernes que visitamos el lugar estaba prácticamente lleno y con gran ambiente. Era día de chamorro de cerdo y de variada clientela. En una esquina estaban seguidores de un partido político, seguramente descansando de la campaña de ese día y planeando la del siguiente. Varios hombres estaban sentados en la barra y platicando tranquilamente. En otra mesa había un hombre ya muy bebido, que por estar solo trataba de hacer conversación con los demás parroquianos, a veces en tono autoritario y agresivo y a ratos muy amigable. En uno de esos momentos de cordialidad se acercó tanto que pensé que me iba a dar un beso en la mejilla, pero algo me dijo al oído a manera de secreto o ya se iba de boca, ya no recuerdo ni el tema que comentabamos. Esta es una de las competencias que debe desarrollar todo buen aficionado a las cantinas; tratar con borrachos agresivos o muy afectuosos. Muy pronto nuestro grupo se contagió del ambiente festivo del lugar y empezamos a seleccionar música de la rockola; dos canciones, de una amplia variedad, por cinco pesos. La tarde se fue en un suspiro, pues bien dicen que el tiempo vuela cuando uno se divierte.
