viernes, 10 de julio de 2009

Bar contra cantina.
















El Bar Varela y la Cantina el Luchador
Los días de primavera pueden llegar a ser muy calurosos en Querétaro, las temperaturas por encima de los 30 grados afortunadamente disminuyen con las primeras lluvias de verano. Por suerte existen infinidad de lugares donde refrescarse; desde establecimientos de helados y paletas hasta variados e interesantes bares y cantinas. El pasado mes de junio visité con algunos amigos dos lugares que ofrecen magnífico refugio del calor primaveral. Ambos sitios están en el barrio de San Sebastián. El primero fue el Bar Varela que se encuentra en Avenida Universidad número 18 , frente al río y a unos 50 metros del jardín de los Platitos. Este establecimiento fue fundado por don Daniel Varela Ponce en 1996 y recibe a la hora de la comida un buen número de clientes, atraídos por lo tranquilo del ambiente, la variedad y calidad de su botana; chamorro de cerdo, tacos de copete, caldo de camarón, menudo, frijoles charros, carne tártara y mucho más. El lugar pudiera parecer pequeño, pero cuenta con más espacio en altos. Las paredes del Bar Varela se encuentran decoradas con casi un centenar de fotografías de Marilyn Monroe, algunas de ellas las clásicas y más conocidas, pero otras resultan interesante novedad. El Vampiro es la especialidad del lugar, este y otros tragos pueden ser servidos en impresionantes bacinicas de peltre; impresionan por el tamaño del trago (medio litro), más que por su escatológico carácter. Por supuesto que hay un gran televisor para seguir el fútbol y una rockola para acompañar bebida y comida con música. Su clientes son grupos de hombres, parejas o incluso grupos de mujeres, el ambiente es tranquilo, definitivamente más de bar que de cantina.

El segundo establecimiento visitado fue la cantina El Luchador que se encuentra justo frente el jardín de los platitos, en la esquina de Filomeno Mata y Avenida Universidad. Este lugar tiene cerca de 60 años de existencia y casi treinta años bajo la administración de don Víctor Samayo Tovar. El lugar no podría ser más típico; sus características puertas abatibles, una barra, tras ella la exhibición de botellas y el indispensable espejo. Toda sus paredes están decoradas con fotografías de luchadores y artistas, pinturas, tapices, cabezas de animales y un gran letrero multicolor de neón con en nombre del lugar. Tiene su indispensable rockola y un televisor. ¿Qué más se puede pedir? A diferencia de otras cantinas en la zona, el servicio está a cargo de mujeres, lo cual le da un toque diferente. Su botana es también variada; quesadillas, tostadas de jamón, chamorro, tacos de chicharrón, carne tártara, caldo de camarón, menudo y mucho más. El viernes que visitamos el lugar estaba prácticamente lleno y con gran ambiente. Era día de chamorro de cerdo y de variada clientela. En una esquina estaban seguidores de un partido político, seguramente descansando de la campaña de ese día y planeando la del siguiente. Varios hombres estaban sentados en la barra y platicando tranquilamente. En otra mesa había un hombre ya muy bebido, que por estar solo trataba de hacer conversación con los demás parroquianos, a veces en tono autoritario y agresivo y a ratos muy amigable. En uno de esos momentos de cordialidad se acercó tanto que pensé que me iba a dar un beso en la mejilla, pero algo me dijo al oído a manera de secreto o ya se iba de boca, ya no recuerdo ni el tema que comentabamos. Esta es una de las competencias que debe desarrollar todo buen aficionado a las cantinas; tratar con borrachos agresivos o muy afectuosos. Muy pronto nuestro grupo se contagió del ambiente festivo del lugar y empezamos a seleccionar música de la rockola; dos canciones, de una amplia variedad, por cinco pesos. La tarde se fue en un suspiro, pues bien dicen que el tiempo vuela cuando uno se divierte.

sábado, 4 de julio de 2009

Viaje en el tiempo
















Hotel la Casa de la Marquesa.
Este verano estoy impartiendo un curso de cultura mexicana a estudiantes extranjeros, seis de Singapur y una norteamericana. Hace una semana salimos a dar un paseo por la ciudad y tuvimos la oportunidad de conocer un lugar muy hermoso e único. Caminamos por el ahora más hermoso centro histórico de Querétaro, pues están cambiando al subsuelo los cables y alambres que reducían la belleza de sus calles y edificios. Quería que los estudiantes vieran una de las construcciones barrocas civiles más hermosas y antiguas en la ciudad; el hotel La Casa de la Marquesa, que se encuentra en la calle de Madero, en la contra esquina del templo de Santa Clara. Esta es la antigua (siglo XVIII) casa de don Francisco Antonio de Alday y su esposa la marquesa de la Villa del Villar del Águila, importantes personajes de la vida queretana en la época colonial. Pedimos permiso para entrar a ver el vestíbulo y muy amablemente don Alejandro Díaz de León Castro, encargado de la seguridad del lugar, ofreció mostrarnos algunas partes del hotel. Nos explico como el hotel no pertenece a cadena hotelera alguna, sino a una familia queretana y como cada habitación no tiene número, sino un nombre y diferente decoración. Caminamos por sus pasillos, vimos una de las 16 suites con que cuenta, un comedor, su capilla y el bar. La casa tiene hermosos detalles en cantera y sus paredes están decoradas casi por completo con pintura en diversos diseños multicolores. La habitación que visitamos tenía una decoración morisca o musulmana y el baño estaba dividido por un magnífico cancel decorado con arabescos en madera y vitrales en armónicos colores.
El hotel es prácticamente una máquina del tiempo en la que uno se puede trasladar a la época colonial e imaginarse el lujo y refinamiento en el que vivieron los ricos personajes de esos años. El patio interior de la casa ahora techado y vestíbulo del hotel debió recibir los carruajes de la familia y en la planta baja seguramente se encontraban la cocina, algunos servicios y las habitaciones de la servidumbre. La planta alta eran ya las habitaciones de la familia, la capilla y el comedor. La Casa de la Marquesa tiene un mobiliario estilo antiguo que realza su belleza y refuerza la ambientación. Cruzando la calle el hotel tiene un pequeño anexo también antiguo y más habitaciones, pero no lo visitamos. El precio por noche en la mejores habitaciones puede ser de casi cuatro mil quinientos pesos, pero no es solamente un lugar para dormir sino la oportunidad de vivir en un recinto antiguo, lleno de historia, lujo y refinamiento. Mientras se sienta uno en los hermosos sillones de su vestíbulo o se come en su restaurant, puede uno imaginarse ver entrar a Venustiano Carranza con su característica guerrera y larga barba; o al gallardo Agustín de Iturbide bajar por la hermosa escalinata desde la planta alta. Además el hotel se encuentra en pleno centro de la ciudad, desde ahí se pueden visitar en caminatas no mayores a los quince minutos los principales museos, edificios históricos, iglesias, plazas, restaurantes y tiendas de la muy colonial Querétaro. Esta vez pude conocer y compartir un lugar exclusivo y sofisticado; no todo en Querétaro son cantinas, taquerías, mercados y pulquerías.

viernes, 19 de junio de 2009

Cervezas y tacos.







El Amigo.
Una de mis taquerías favoritas está muy cerca del campus Querétaro del Tecnológico de Monterrey. La conocí cuando llegué a vivir sin mi familia a Querétaro y viví en un pequeño departamento a unos 200 metros del Tec, en lo que mi esposa e hijas llegaban. No siempre tenía el ánimo para preparar atún con verduras y mayonesa; sólo necesitaba caminar un par de minutos para cenar exquisitos tacos. El lugar se llama El Amigo y como muchos otros puestos de tacos, tiene ruedas y es diariamente remolcado a su lugar al caer la tarde. Se coloca en un pequeño parque que se encuentra en la esquina de Epigmenio González y Ezequiel Montes. Está justo cruzando la calle de un establecimiento muy conocido por los estudiantes del Tec; Las Miches, una cervecería cuya especialidad son las cervezas preparadas o micheladas. Ese lugar es amplio, con varios televisores y sus paredes están decoradas con recuerdos escritos por sus clientes y objetos diversos de equipos de fútbol. He pasado muchas veces frente a este concurrido lugar, pero nunca he entrado. Me imagino que El Amigo debe mucha de su clientela a sus sedientos vecinos; curiosamente los sábados los taqueros descansan y estoy seguro que es la mejor noche para Las Miches.



El Amigo ofrece la variedad que se encuentra en casi todos las taquerías de carrito: tacos de pastor, suadero, tripa, longaniza, bistec, quesadillas y las llamadas gringas. Estas últimas son dos tortillas con queso y carne. Si no me falla la memoria, las gringas eran hechas originalmente con carne al pastor, pero luego empezaron a hacerlas con bistec u otras carnes. Tres personas atienden, por lo que sin importar cuanta clientela tengan, el servicio es rápido. A mi familia les gustan mucho sus tacos de pastor, yo prefiero ahí el suadero y la tripa. Los tacos no son caros, pues es un barrio estudiantil y seguramente ahí nutren sus neuronas muchos estudiantes del Tec. No faltan sobre la barra los limones, las salsas, las rebanadas de pepino y rábano para acompañar los tacos. Pero lo que hace a este lugar uno de mis favoritos, es su sazón; su carne o sus salsas me parecen de muy buen sabor. En opiniones sobre tacos estoy seguro que impera la subjetividad, pero esta vez, al menos mis hijas concuerdan conmigo. Alguna vez en el cumpleaños de mi hija mayor Ana Violeta, cuando le ofrecí llevarla a cenar a donde quisiera, se decidió por El Amigo (que bien las he formado).

miércoles, 10 de junio de 2009

La auténtica bebida nacional.






















El pulque
El sábado pasado visité aquí en Querétaro la pulquería El Gallo Colorado que se encuentra en los márgenes del barrio del Tepetate. Había probado pulque en bodas, fiestas y viajes, pero nunca había visitado una pulquería y quería hacerlo antes de que este tipo de establecimientos se extinga. Cada día son menos los jóvenes que beben pulque y probablemente en unos años no haya ya pulquerías.
El pulque (octli en náhuatl) es una bebida fermentada que se extrae del maguey (metl en náhuatl), este gran agave llega a alcanzar hasta cerca de cuatro metros de diámetro. Del maguey pulquero no se extrae el tequila ni el mezcal oaxaqueño, ambos se obtienen de otras variedades de agave y por destilación. El maguey se reproduce de dos maneras, por hijuelos, pequeños magueyes que brotan bajo la gran planta o por semilla. Esta planta después de 8 o 12 años de vida crece desde su centro un tallo o quiote de más de cuatro metros de altura, mismo que en su parte alta tendrá la floración. A diferencia de otras plantas, en el maguey el brote y la flor tardan meses en desarrollarse. Al final del proceso de fecundación caerán las semillas desde lo alto y la planta morirá. Al parecer los magueyes que tienen su origen en semillas crecen más que aquellos que se desarrollaron de hijuelos. El pulque se obtiene de plantas maduras que van a florecer; cuando el gran tallo reproductor está por iniciar su crecimiento desde el centro o corazón de la planta, éste se corta dejando un hueco al centro de la planta. La savia que nutriría el desarrollo y crecimiento de ese quiote y flor serán precisamente el liquido para la elaboración del pulque. A este proceso se le llama capar el maguey y no sólo se le corta el naciente quiote, sino que también se hace un hueco cóncavo al centro de la planta para que en él se deposite la savia dulce. Aguamiel es el nombre que se le da a líquido que produce el maguey, se recolectan de 3 a 6 litros diarios y se lleva a un lugar tradicionalmente conocido como tinacal, que es donde se fermenta varios días para convertirlo en pulque. Un buen maguey pulquero puede llegar a producir de 500 a 800 litros de aguamiel en un periodo de 4 a 6 meses, antes de secarse. La fermentación convierte los azúcares del aguamiel en alcohol, pero el pulque tiene apenas de un 4 a un 6 por ciento de alcohol. Mucho se dice del valor alimenticio de esta bebida, pero estoy seguro que aquellos que la beben no piensan precisamente en su nutrición.
El pulque se caracteriza por un cierto grado de viscosidad, lo cual lo hace poco atractivo para el común de las personas, pero como declaró madame Calderón de la Barca en su libro La vida en México durante una residencia en ese país de dos años (uno de mis libros favoritos), que una vez que se vence el rechazo inicial, el pulque se convierte en algo muy deseado. Esta dama comenta muy al inicio de su libro un rotundo rechazo al pulque, pero ya hacia el final de la obra, cuando se aproxima su salida del país, confiesa que extrañará esta bebida. El pulque se bebe solo o en los llamados curados, que son la mezcla del pulque, azúcar (a veces leche condensada), frutas, verduras u otros ingredientes para darle sabor. Los curados más comunes son los de melón, piña, guayaba, limón, apio, jitomate, cacahuate, avena, tuna, nuez, piñón e incluso alguna vez oí hablar de un curado de merengue. En cierta ocasión me tocó presenciar una práctica muy interesante; trabajadores de la construcción se disponían a beber toda una cubeta de curado de cacahuate, limpiaron muy bien un tabique rojo y los sumergieron en la cubeta de pulque. Al parecer el tabique absorbe agua y hace al pulque más espeso. Mmmm sí, estaba bueno.




Pulque embotellado


Llegué al Gallo Colorado muy temprano (abre al mediodía) y de hecho fui su primer cliente de ese día. Me senté frente a una gran barra sobre la cual había cuatro grandes palanganas que contenían cada una hielo y un gran recipiente de vidrio con pulque. Tres eran de curados de apio, piña y guayaba, el cuarto de pulque solo. En un extremo de la barra había sobre la pared un altar a la Virgen de Guadalupe y una gran bandera de México; observé cuando le colocaban flores frescas. Tras la barra había dos grandes recipientes de plástico con más pulque. Nunca había estado en una pulquería pero tenía una buena idea de su apariencia por haber leído La Familia Burrón o por fotos del Archivo Casasola. Hace años el pulque llegaba desde los tinacales en gigantescos barriles de madera e incluso grandes cantidades se expendían en pequeños barriles de madera llamados castañas. El pulque se servía en piezas de vidrio artesanal de hermosas y caprichosas formas: tornillos, chivos, catrinas, cacarizas o en humildes jícaras. Hoy los barriles son de plástico y el pulque se expende en cubetas del mismo material o jarros de barro o frascos de vidrio que originalmente contuvieron jugos de frutas. Como cada vez son menos los bebedores de pulque, en estos lugares no hay ya lugar para la sofisticación o belleza; apenas para lo práctico y económico. La clientela disminuye alarmantemente, incluso en El Gallo Colorado no se expende exclusivamente pulque, también hay frías cervezas. Pedí medio litro de curado de apio y me fue servido en un frasco de vidrio; su precio, $ 7.50. La pulquería es como la cantina, un espacio para socializar. En el lugar había tres o cuatro grandes mesas con espacio para sentar en cada una de ellas 10 ó 12 aficionados al pulque. No podía faltar la sinfonola con música popular. Tras la barra un pequeño televisor, seguramente para seguir los sábados y domingos los juegos de fútbol.

Curado de piñón



El pulque y no el tequila debería ser nuestra bebida nacional, su consumo fue siempre no solamente mayor, sino también en una región más amplia. Se produce y disfruta en todo el centro-sur de México, siendo los estados de Puebla, Tlaxcala e Hidalgo la región de las grandes y prósperas haciendas pulqueras de antaño. Hoy en día se le puede encontrar en más de la mitad del país, ya no tanto en grandes pulquerías, sino con familias que lo producen casi artesanalmente y con gran calidad. Cuando tengas oportunidad, bebe pulque y ayuda a mantener esta tradición milenaria de nuestro país. Yo por mi parte, me comprometo solemnemente de defender nuestra identidad; volveré a la trinchera de El Gallo Colorado a luchar infatigablemente contra la globalización. (Fotografía de vidrio artesanal de pulquería colección del Museo de Arte Popular, México D.F.).

lunes, 25 de mayo de 2009

Seguro lo encuentras en el Tepe.




































El barrio del Tepetate.
En estos días he visitado un par de sábados uno de los lugares más pintorescos y auténticos de Querétaro, el Tepetate o “el Tepe” como todo mundo lo conoce. Este es uno de los antiguos y tradicionales barrios de la otra banda, o la otra orilla del río; junto a los de Santa Catarina, San Gregorio, El Cerrito y la Trinidad. El barrio es netamente popular y eminentemente comercial, apenas a un par de cuadras de la antigua y hermosa estación del ferrocarril. Su eje es la intersección de las calles de Invierno y San Roque y a su alrededor se encuentran decenas de establecimientos comerciales de todo tipo; los hay bien establecidos en locales, pero también son muchos los puestos semifijos en calles y banquetas. Aunque existe ahí una construcción hecha para servir como mercado, el Benito Juárez, este alberga apenas una mínima parte de los comercios de la zona. La estrechez de sus calles le da un sabor muy especial al barrio, a pesar de lo cual líneas de autobuses urbanos lo cruzan, no sin enfrentar cierta dificultad.
Todo lo imaginable se encuentra en la zona; tanto en el mercado como en las calles aledañas. Hay carnicerías, pollerías, fruterías, verdulerías, tiendas de abarrotes, taquerías, tortillerías, panaderías, tiendas de semillas y cereales, tlapalerías, ferreterías, tiendas de ropa, puestos de artículos usados, flores y por supuesto todo tipo de alimentos listos para ser consumidos. Llamó mi atención encontrar un par de carbonerías, no veía una desde la de don Chago, cerca de casa de mi abuela materna en Cuernavaca, hace 40 años. Busque y no encontré una pulquería, pues estos antiguos barrios populares son su refugio y protección contra su inminente extinción; luego recordé que hay una a un par de cuadras por la calle de Felipe Ángeles. También encontré un lugar que vende exclusivamente tacos de chicharrón de res (ver Misteriosos tacos, junio 2008).
Dentro del mercado Benito Juárez se distinguen tres partes; una de ropa y utensilios para el hogar, otra con lo necesario para preparar alimentos y la tercera con puestos que expenden todo tipo de alimentos. Los hay de tacos de guisados, mariscos, postres, carnitas, barbacoa, menudo. Fue en un puesto de menudo donde me atoré en una de mis visitas. El lugar se llama Rico Menudo Juan y Conchita y su especialidad y casi único platillo es precisamente el menudo, aunque también anuncian “Exquisito mole rojo, domingos 13 horas”. Debe tener entre 12 o 15 lugares para sentarse en una larga barra. Don Juan Tomás Cano Villifaña y su esposa Conchita, atienden diligentemente este lugar desde hace 25 años. Abren todos los días desde las ocho de la mañana hasta que se acaba el menudo, que puede ser desde la una hasta eso de las cuatro de la tarde. El lugar está lleno de luz y muy limpio. En un extremo del local hay una gran olla de cerca de cincuenta litros que es donde se cocina y mantiene caliente el menudo. Este plato es un caldo hecho con los diverso estómagos de la vaca, por eso en muchos lugares se le conoce también como panza. Bien caliente y picoso es un proverbial remedio contra la cruda o resaca. Se le prepara como el pozole, en caldo rojo o blanco, según la región del país. El que probé era rojo y no estaba muy picoso, aunque en la mesa había chile en cantidad suficiente como para convertirlo en algo parecido a lava volcánica. Siempre se le acompaña de limón, cebolla picada, orégano y abundantes tortillas. Este platillo es de un sabor fuerte y característico, como muchos guisos hechos con vísceras, pero tiene gran aceptación por todo el país. Apenas pude terminar mi plato, a pesar de que no había ordenado el grande, sino apenas el mediano. Habría que aclarar que el menudo se acompaña de al menos media o una docena de tortillas.
El Tepe es sin duda un lugar con muchos atractivos. Todavía queda pendiente una visita en domingo, pues ese es su día de plaza, cuando más puestos se instalan y más artículos se ofrecen.

lunes, 18 de mayo de 2009

¡Se derrite en la boca!







Pollo en barbacoa.
Uno de los platillos que más me gusta de la variada gastronomía mexicana es la barbacoa de hoyo; disfruto su consomé, su olor ahumado, la suavidad de su carne de borrego y el especial sabor de sus vísceras. Hace unos días tuve la oportunidad de probar el pollo en barbacoa. Caritina, la señora que ayuda a mi esposa en casa, trabaja los fines de semana en un establecimiento llamado Barbacoa Hidalgo, en la Calzada de la Amargura, Peñuelas, al norte de la ciudad. Ella hace tortillas a mano para los comensales de ese lugar. Caritina constantemente nos recomendaba los platillos que ahí se preparan, barbacoa de borrego, pollo en barbacoa y mixiotes. Es obvio que los dueños son oriundos del Estado de Hidalgo y por eso su especialidad es la gastronomía del maguey, claro que faltarían los gusanos de maguey y sobre todo el pulque. Pues un día Caritina nos trajo a casa un pollo en barbacoa; venía todavía tibio en una bolsa de plástico. Adentro había una gran penca de maguey en la que se había envuelto un pollo entero adobado y acompañado con nopalitos picados. El platillo tiene ese olor ahumado de la barbacoa de hoyo, el adobo le da más color que sabor, pero además del buen sabor de la carne de pollo, llama la atención su extrema suavidad. La carne se desprende de los huesos, incluso el extremo de los huesos y sus cartílagos son suaves y suculentos. Hemos probado también la barbacoa de borrego del lugar y es muy parecida a la de otros establecimientos, pero no en todos se preparan pollos en barbacoa, o pollos enchilados como se anuncian. Querétaro fue originalmente parte de la provincia de Michoacán, por lo tanto hoy prácticamente compartimos gastronomía. Por suerte también somos vecinos del estado de Hidalgo, así que por todo Querétaro es posible encontrar no sólo barbacoa, sino otros platillos de la riqueza culinaria hidalguense.

martes, 12 de mayo de 2009

¡Un marrazo de diez centavos por favor!











Licores artesanales
En la muy ilustre calle de Héroe de Nacozari (ver La última y nos vamos, diciembre 2008) está un negocio muy tradicional e interesante. En el número 19, en la misma acera y entre las famosas cantinas El Gene y Chava Invita se encuentra Licor Artesanal de Querétaro. Esta pequeña empresa elabora licores de diferentes sabores.
Este tipo de bebidas, casi siempre dulces y con un moderado contenido alcohólico (15 – 50 % vol.) se elaboran en México y todo el mundo con frutas, especias, hierbas o ingredientes como café. Algunos licores son mundialmente famosos como el Chartreuse, el Kalhúa o el limoncello, pero otros muchos alcanzan apenas fama regional o nacional. Aquí en México son famosos los licores de frutas de Tenancingo, los moscos de Toluca, el licor de damiana de Baja California, los licores de Zacatlán o los de la Pasita de Puebla; por mencionar apenas algunos. En tiempos antiguos era común que dicho tipo de bebidas se elaboraran en casa y que algunos de ellos fueran un orgullo familiar. He de presumir que hace cerca de siete o ocho años me propuse y elaboré en casa un licor de nanche (nance le llaman en el sureste) que resultó muy bueno (del cual me queda ya muy poco), para ser mi primer ensayo en este arte; pero confieso que fracasé rotundamente al intentar uno de limón a la manera del limoncello italiano. Los ingredientes que le dan sabor pueden ser muy variados o exóticos, pero todos se mezclan siempre con agua, alcohol y azúcar. No todas las frutas sirven para hacer licores, son comunes los de bayas o cítricos; aunque a veces el sabor viene de los aceites esenciales en las cáscaras y no de la pulpa de la fruta. En los de especias o hierbas quizá el más común sea el de anís, pero también hay de canela y muchos más de misteriosas y secretas mezclas de hierbas y especias como el Benedictine , el Strega o el Chartreuse.
Don José Luis Varela C. dirige con entusiasmo y pasión este lugar de creación, alguna vez lo conocí en un stand de la Feria de Querétaro donde promocionaba y vendía sus productos. Ahí me comentó del lugar donde los elaboraba y por suerte lo encontré hace unos días cuando caminaba por el lugar, tras un paseo por el cercano barrio y mercado de El Tepetate. En el lugar también se expenden jugos de frutas y otras bebidas no alcohólicas. Su fábrica y hogar es una muy hermosa y antigua casa, construida de menos a inicios del siglo pasado y con una gran huerta en la parte posterior, como eran muchas casas en el antiguo Querétaro, pero de las cuales quedan apenas ya unas cuantas. Licor Artesanal de Querétaro elabora productos de lima, mandarina, limón, café, anís y otros sabores que de momento no recuerdo; mi favorito es el de lima.

Estos licores son lo que queda en Querétaro de un producto antes muy característico de la ciudad, pero que me imagino ya desaparecido; los famosos amargos. Estas bebidas se elaboraban con infusiones de frutas o hierbas mezcladas con alcohol y se expendían en grandes recipientes de vidrio en muchas de las tiendas de barrio por toda la ciudad. Luis Vega y Monroy los describe en sus Viñetas Queretanas y nos dice que los había amargos o dulces, que eran muy populares y que incluso llegaban a ser considerados con propiedades terapéuticas. Los había de piña, tejocote, guayaba, corteza de naranja o limón, cedrón o prodigiosa. Se servían en pequeños recipientes de cerca de un cuarto de litro conocidos como “marrazos” y costaban, a inicios del siglo pasado, apenas unos cuantos centavos. No los he buscado por la ciudad con insistencia, pero creo que los amargos son ya una tradición perdida y que los han de haber llevado a su extinción leyes municipales que limitaron la venta de bebidas alcohólicas a cantinas o restaurantes o en recipientes cerrados o sellados. Hoy los amargos difícilmente podrían resurgir ante la proliferación de los minisupermercados, que primero llevan al cierre a las pequeñas tiendas o misceláneas; además, en los nuevos establecimiento la gente puede ahora beber cerveza, bebidas energéticas, café o gran variedad de refrescos.

Mantengan las tradiciones, y si no disponen del tiempo o no tienen la paciencia para elaborar sus propios licores, pueden comprar los magníficos productos de don José Luis, que se expenden por todo el estado de Querétaro.

jueves, 26 de marzo de 2009

Por los caminos del sur.
















El rincón guerrerense.
Uno de mis platillos favoritos de la cocina mexicana es el pozole, se le encuentra en prácticamente todo el país, pero el rojo es típico de Jalisco y el blanco lo es del estado de Guerrero. El pozole original no era más que una simple sopa de granos de maíz, pero con el paso de los años se le agregaron muchos ingredientes lechuga o col, rábano, orégano, chile, limón, aguacate y por supuesto carne de cerdo. El pozole más tradicional se hace con los grandes granos del maíz cacahuacintle y la carne de la cabeza del cerdo, pero también se prepara con carne de otras partes, pollo, e incluso en algunos lugares lo hacen con sardina. El plato tiene muy buen sabor y su gran variedad lo hace todavía más apetecible. En Querétaro como en todo México es posible encontrar varias pozolerías; tradicionalmente este platillo se consume en la tarde o noche, pero también se le puede encontrar por las mañanas en algunos restaurantes. En el norte de la ciudad de Querétaro existe una muy buena pozolería llamada el Rincón Guerrerense; está en la avenida Sombrerete, justo frente a la puerta principal de la Prepa Norte. El lugar no es muy grande, apenas unas diez mesas y aunque hay un segundo nivel, nunca lo he visto ocupado. El local es amplio, muy limpio y está decorado con carteles, trajes típicos y artesanías de Guerrero. Hay en el menú pozole blanco y verde (una especialidad guerrerense), elopozole (hecho con una variedad de elote más pequeña y común) chalupitas chilpeñas, carne enchilada, cecina, tostadas, postres y algunos platos más. Cada orden de pozole se acompaña con un gran plato con chicharrón, tostadas y aguacate, sin faltar lechuga, chile, rábanos, limón y orégano. Los precios no son altos, el servicio es bueno y amable. Este tipo de restaurantes que venden los platillos típicos de la región de origen del propietario son casi siempre garantía de comida honesta y llena de sabor; ahora recuerdo otro restaurante de comida poblana justo frente al Museo de Arte de Querétaro. No siempre es posible viajar por nuestro hermoso país, pero podemos aprovechar este tipo de lugares para probar parte de nuestra riqueza gastronómica.

jueves, 26 de febrero de 2009

La Colección











Hasta que la muerte nos separe.







La Colección.
En el pasado mes de enero visité por segunda vez un lugar muy original de la ciudad de Querétaro; el bar La Colección. Hace cerca de dos años y medio lo encontré caminando por las calles del centro de la ciudad e incluso me detuve a beber una cerveza. Se encuentra en la calle de Mariano Escobedo a media cuadra de la esquina con Vicente Guerrero. Prefiero las cantinas, pero lo particular del lugar me atrajo. El bar es un poco más caro que las cantinas, le falta la botana y el ambiente popular, pero vale la pena conocerlo. Una buena parte de las paredes del establecimiento están cubiertas de piso a techo con vitrinas que exhiben una colección de cerca de 900 automóviles a escala 1-18. Casi todos parecen autos de metal que ya se venden armados, pero me pareció ver algunos de los de plástico que se arman y pintan. El conjunto automovilístico es además de grande muy variado. Están en una vitrina autos de carreras de diferentes categorías y épocas, más allá los modelos de las tres primeras décadas del siglo pasado. En otro lugar hay autos de los años cuarenta y cincuenta. Tienen también un amplio e impresionante grupo de los Muscle Cars de los años sesenta y setenta y con ellos todo una serie de los ya clásicos Mustangs y no pueden faltar los Corvettes. En otra pared se pueden ver modelos de series de televisión, películas y autos modificados. Hay lujosos y caros autos europeos como Ferrari, Porsche, Lamborghini, pero se exhiben también autos más modestos o menos espectaculares como un grupo de Volkswagen sedanes o vochos como los llamamos en México. En otra vitrina están las camionetas de diferentes épocas. Mi descripción es mala pues conozco poco de automóviles, cada día aumenta la cantidad de marcas y modelos y tiene ya un par de décadas que renuncié a tratar de identificar cuanto automóvil encuentro en las calles. Me sorprenden las personas que conocen todas las marcas, precios, motores y que características se modificaron de un modelo a otro. Confieso ser aficionado a los carros, pero sólo a los vochos. Allá por 1980 mi primer auto (la inolvidable Astronave) fue un vochito modelo 1968 y desde entonces no he tenido automóvil que no sea Volkswagen sedán. Tuve después otro vocho modelo 1982 (El Nanche, pues por años estuvo pintado amarillo), posteriormente uno más del año 1992 (El Ángel por su color blanco). Hoy manejo un modelo 2003 (El Diablo por su color rojo) el cual espero, ahora que ya no los fabrican más, conducir el resto de mi vida. No poseo un bar para exhibirla, ni centenares de modelos, pero también tengo una modesta colección de autos. Hace cinco o seis años mi amigo Juan Carlos Olmedo me obsequió un pequeño vocho pintado como verde taxi ecológico de la ciudad de México. Ese fue el inicio de la colección, con los años he comprado o me han obsequiado más y hoy tengo cerca de 30 piezas; está en mi oficina, es pequeña y modesta, pues compro solamente modelos de bajo precio. Sería absurdo gastar mucho dinero en una colección de modelos de un auto conocido por sencillo y económico. Si tienes un vochito, felicidades, pero cuídalo mucho.