martes, 16 de marzo de 2010

¡Es como un sueño!

Pequeño zacahuil



Xilitla desde lo alto















Xilitla.
En diciembre del año pasado pude por fin visitar Xilitla, famoso pueblo en la Huasteca potosina. Ya desde hace más de 20 años había oído del lugar y del famoso jardín surrealista de Edward James. En la familia decidimos pasar la Nochebuena y Navidad de viaje y puedo decirles que fueron magníficas fiestas descubriendo nuestro país y su gente. Xilitla se encuentra a unos cuantos kilómetros de la Sierra Gorda queretana, rumbo a Cd. Valles. La población está en plena Sierra Madre Oriental, justo donde las montañas detienen las nubes y la humedad que provienen del Golfo de México. Al parecer en verano el lugar es muy caluroso y húmedo, pero en diciembre la temperatura fue muy agradable, aunque con algo de humedad. Este especial clima desarrolla en la región una exuberante vegetación, por años ha dado fama al café de Xilitla y animó a Edward James a comprar una propiedad, allá por 1948 (Las Pozas), para establecer un orquidiario. James fue un millonario inglés, artista y también patrono de las artes, viajó por todo el mundo y en uno de sus múltiples recorridos encontró Xilitla. Fue hasta la década de los años setenta del siglo pasado que este personaje empezó a construir en su propiedad hermosas y extrañas estructuras de concreto, algunas para servir como vivienda, pero la mayoría con propósitos meramente ornamentales. Esta arquitectura fantástica se convierte en algo todavía más atractivo por encontrase casi perdida u oculta en la densa vegetación de la región. El extraño conjunto se antoja escenario de un sueño o de una obra artística surrealista. Me imagino que en el intenso y sofocante calor del verano el lugar genera todavía un mayor impacto en los visitantes. Las Pozas se encuentra en inclinada ladera, por lo que recorrerla es cansado, pero también agrega belleza a sus estructuras dispuestas en variados niveles, apareciendo y desapareciendo tras la vegetación. En un extremo del terreno corre un hermoso y fresco arroyo que debe de ser un paraíso para los visitantes en época de calor. En el pueblo de Xilitla existe un museo-restaurante con los moldes originales que se usaron para hacer las caprichosas formas arquitectónicas, así como información sobre la vida de Edward James.
Otra actividad que disfrutamos mucho fue después nuestra larga visita a Las Pozas; justo frente a este lugar nos ofrecieron un recorrido en motocicletas de cuatro ruedas por los alrededores de Xilitla. El paseo no sólo fue muy divertido, sino que también nos llevó por caminos y veredas que difícilmente se recorren sin la guía de un lugareño. Xilitla aparece en fotos de hace unos setenta años como un típico pueblo mexicano de esa época, con construcciones de adobe y techos de teja; poco queda ya de ese pintoresco pueblo, pero sus habitantes son los mismos, muy amables y orgullosos de su región. Un gran número de personas visitan Xilitla, resulta interesante como el jardín de Edward James atrae a cientos, incluso miles de personas diariamente, muchos de ellos jóvenes europeos; llegan indefectiblemente a este sitio algo aislado y de no fácil acceso. No hay en la población lujosos hoteles o paradisiacos resorts, sino sencillos hostales, pequeños hoteles y cabañas. La comida sigue teniendo una fuerte influencia indígena y es otro interesante atractivo regional. Nosotros nos hospedamos en el original Hostal del Café


pequeño hotel familiar amablemente atendido por Dalila y Alex. Ahí cenamos la noche del día 24, una cena que vivirá en mi memoria por lo exquisito de sus alimentos, la extrema amabilidad de nuestros anfitriones y sobre todo por la interesantísima conversación que tuvimos sobre las costumbres, historia, y características de Xilitla y sus alrededores. En cualquier hotel se puede tener una rica y sofisticada cena, pero la atención personal, los amplios conocimientos y entretenida conversación de Dalila y Alex, fueron lo mejor de nuestra estancia en el Hostal del Café. Si vas a pasear por las misiones de la Sierra Gorda queretana, extiende un poco tu recorrido y no dejes de visitar Xilitla.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¡La pura feria!


















La feria ganadera de Querétaro.
Diciembre es el mes de la Feria Internacional Ganadera de Querétaro, bueno en realidad inicia en los últimos días de noviembre y llega hasta la mitad del último mes del año. Este debe ser el evento más importante del estado; la fiesta del santuario de Soriano quizá reciba más personas por día, pero su duración es menor. Queretanos y habitantes de los alrededores visitan el evento de menos una vez cada año y algunos adolescentes gustan de ir dos o tres veces por semana, en especial por las noches, cuando ahí se reune la juventud en conciertos gratuitos. La feria se celebra en un lugar que es centro expositor y también autódromo, hay tres grandes pabellones, otros menores, un gran auditorio, palenque para peleas de gallos y variados espacios para restaurantes. Las instalaciones son amplias, pero en los días de mayor afluencia resultan apenas suficientes. En dos de los grandes pabellones hay centenares de puestos que ofrecen una inmensa variedad de productos; alimentos, ropa, zapatos, productos regionales, muebles, libros, ornamentación, artesanías, accesorios; en general artículos atractivos y de bajo precio. Hace un año pude por fin encontrar un modelo de zapatos deportivos que había buscado por todo Querétaro. Me gusta también el hecho que ahí se ofrezcan todo tipo de productos regionales; una vez más encontré en la feria al señor Varela que vendía su amplia variedad de licores (ver Un marrazo de diez centavos por favor, mayo 2009). Hay también por las noches, como en todas las ferias del país, peleas de gallos acompañadas del espectáculo de algún artista de renombre nacional. En una parte del recito ferial hay también juegos mecánicos. Pero la parte que más me gusta se encuentra en el tercer gran pabellón, la exposición ganadera. Para un habitante de ciudad resulta interesante ver completos y vivos a aquellos animales que de forma cotidiana encuentra ya empaquetados o preparados en tacos o comida diaria. Quizá cuando paseamos por el campo podemos ver algunas vacas, caballos o borregos, pero nunca de forma tan cercana y mucho menos del tamaño y belleza de los que se exhiben en la feria; confieso mi asombro de citadino ante la exposición ganadera. Como el pabellón no es tan grande, los diversos tipos de ganado se exhiben en determinados días a lo largo del calendario de la feria. En mi primera visita a la feria pude ver ganado ovino de un tamaño que nunca había encontrado por los campos. En mi más reciente visita vi gigantescas vacas que producen casi 50 litros diarios de leche en dos ordeñas, así como caballos tan hermosos como el de la estatua ecuestre de Carlos IV. Todo el día se exhibe ganado y a ciertas horas algunos ejemplares participan en competidos e interesantes concursos. La feria de Querétaro es pues un evento que ofrece atractivos de todo tipo para familias, jóvenes, niños o ganaderos, es diversión muy variada y para todo un día, bien vale la pena visitarla al menos una vez al año.

lunes, 15 de febrero de 2010

De samosas, chutneys y curry.











La India en Querétaro.
Hace algunos días cuando paseaba por el centro de la ciudad pasé frente a un restaurante de comida de la India. La rica y condimentada gastronomía de este interesante país es conocida en todo el mundo, en especial algunos de sus ingredientes y condimentos, pero en México hay pocos lugares que la ofrezcan; tan sólo recuerdo el restaurante de El elefante blanco, en la plaza San Jacinto, San Ángel en la ciudad de México. Hay muchos lugares que ofrecen comida china, argentina, española, japonesa o libanesa y apenas unos cuantos de comida india; me resulta extraño pues se parece a nuestra gastronomía en lo intenso y variado de sus sabores, quizá su marcado vegetarianismo sea la razón de que no tenga éxito entre los carnívoros mexicanos. Mi amiga y colega Crista Crummer me había hablado del lugar, pero no lo había localizado. Al parecer hace cerca de dos años inició operaciones allá por la calle de Felipe Ángeles, al norte de la ciudad. El chef es inglés, muy joven y seguramente seleccionó para el menú del lugar una breve lista de los platillos más atractivos o representativos de la cocina india. En la noche que encontré el lugar compré un platillo para llevar y compartirlo con mi esposa en casa, pero el sábado pasado ambos lo visitamos con calma y muchos deseos de probar lo más posible. Pienso ahora es mejor visitarlo varias veces y poco a poco descubrir las características de sus platillos. No se come tanto como en restaurantes españoles o chinos, pero algunos platos son muy condimentados; bueno, luego de una fuerte comida, siempre se podrá caminar por el hermoso y tranquilo centro de la ciudad.
Bhaji comida hindú está situado en la calle de independencia número 72, apenas a unos ciento cincuenta metros de la Plaza de Armas, en el centro de la ciudad; abre de martes a sábado de las dos a las diez y en domingos de las dos a las cinco. El lugar está decorado con sencillez y buen gusto, es pequeño, pues tiene apenas cerca de diez mesas; el servicio es amable y eficiente, pero no se trata de un lugar de comida rápida. Bhaji ofrece variedad a los queretanos amigos de la buena comida y la oportunidad de pasar un rato muy agradable disfrutando sus elaborados platillos y tratando de adivinar los condimentos o ingredientes de comida tan poco común en nuestro país.

lunes, 11 de enero de 2010

¡A comeeeer!







Las Charolas de Saavedra.
Comer es uno de los grandes placeres en este mundo, esta necesidad básica del hombre, simplemente nutrirse para sobrevivir, se convirtió con el paso de los siglos en una actividad compleja, sofisticada y atractiva, al grado que hoy se le dedican, libros, programas de televisión, estudios universitarios e incluso su placentero exceso se convirtió en uno de los 7 pecados capitales (la gula). La humanidad ha encontrado miles de elementos comestibles, los combinó y los hizo todavía más atractivos tras intrincados procesos que conocemos como cocinar. El placer de comer un exquisito platillo sólo se ve superado por el de degustar múltiples y variados platillos en pequeñas proporciones. Este tipo de comida conformada por pequeñas porciones de una gran variedad la encontramos en muchas culturas del mundo; las tapas españolas, la comida china, el smorgasbord escandinavo. México no es la excepción, tenemos la botana en las cantinas, los famosos antojitos, los tacos, quesadillas, molotes, tamales, tostadas; todos con variados ingredientes y aderezos. Precisamente hace unos días visité un establecimiento que es prueba fehaciente de nuestra búsqueda por el máximo placer al cumplir con la necesidad de alimentarlos. Ya había visto el establecimiento meses antes y despertaba mi curiosidad, incluso mi colega y amigo Jesús Ramírez me había hablado del lugar. Se llama Charolas Saavedra y se encuentra en la Calle de Nicolás Bravo, número 32 A, justo antes del paso a desnivel bajo las vías del ferrocarril, calle que más al norte cambiará de nombre a Felipe Ángeles. El local es muy amplio, quizá una antigua bodega, sin mayor sofisticacion o elegancia, pero con espacio suficiente para dar cabida a decenas de tragones. La especialidad del lugar son sus charolas, amplios platones que contienen una variedad de alimentos en pequeñas proporciones y que se acompañan con abundantes tortillas para hacerse con ellos deliciosos tacos. Hay charolas para una, dos, tres, diez personas o más y entre mayor es el número de comensales, mayor es también la variedad de ingredientes. Se pueden también pedir charolas con alimentos al gusto. Un sábado muy temprano visité el lugar acompañado de mi esposa e hijas. Pregunté por el tipo de comida y la forma de pedirla, sabiamente la persona encargada me recomendó una charola para dos personas. En un platón se nos sirvieron nopales, sesos, frijoles refritos, carnitas de cerdo, cecina de res, cecina de puerco, chicharrón, verduras y una mano de cerdo a la vinagreta. Aunque debía ser comida suficiente para dos personas comimos cuatro y todavía nos llevamos lo sobrante en una bolsa para nuestra perra Nala. Los alimentos están bien preparados , con buen sazón y su costo es razonable. Es posible también pedir charolas para llevar. Charolas Saavedra es un espacio para alimentarse con múltiples platillos de nuestra rica y variada cocina que vale la pena disfrutar, aunque se corra el peligro de pecar de gula.
No quiero terminar esta crónica sin agradecer profundamente a mi madre el haberme enseñado a comer de todo. Sufrí en mis años de infancia por comer todo lo que mi madre me obligaba a probar, pero ahora, nunca acabaré de agradecerle que me abriera las puertas del maravilloso mundo de la comida. Hoy como absolutamente de todo y lo mejor es que pocos, pero muy pocos alimentos me desagradan. Gracias, muchas gracias Lucila Mañón, no sólo me diste la vida, compartiste conmigo el gran tesoro que descubriste e hiciste esa vida mucho más rica y placentera.

martes, 5 de enero de 2010

Días de muertos, gozo de vivos.






















Días de muertos en Querétaro.
La celebración de los días de muertos es sin duda alguna la más original de todas nuestras numerosas fiestas. Las culturas indígenas prehispánicas tenían en su calendario ritual dos fechas para conmemorar a sus muertos; la primera para los infantes muertos y la segunda para aquellos que fallecían ya adultos. Estas conmemoraciones, como en muchas otras culturas, estaban cerca del tiempo de cosecha. Durante el largo y complicado proceso de evangelización de los indígenas conquistados, éstos identificaron dos fechas del calendario católico en las que podían practicar sus ritos funerarios ancestrales, adaptándolos o declarándolos cristianos. Así primero y dos de noviembre se convirtieron en los días de muertos, en un proceso ejemplar de sincretismo. El primero de noviembre fue entonces al día de los muertos infantes y el día 2 el de los difuntos adultos y no precisamente los días de Todos Santos y de los Fieles Difuntos como aparecen en el calendario cristiano. La cultura mexicana es bien conocida en el mundo entero por sus particular tratamiento de la muerte y en estos días se pueden ver por todo el país sus principales ritos: la visita familiar a los panteones, las ofrendas domésticas a los muertos, las publicación de calaveras; graciosos versos que hablan de la muerte de conocidos personajes todavía vivos, la preparación de platillos especiales y muchas otras costumbres regionales.
Querétaro no es la excepción a estas prácticas rituales, aunque es bien cierto que entre más al norte del país se esté, menores serán las tradiciones con origen en las culturas indígenas. Las celebraciones de días de muertos son tan importantes como aquellas de Semana Santa y mucho más mexicanas u originales. En las plazas del centro de la ciudad se colocan muchos puestos que venden juguetes, dulces, alimentos y muchos objetos para colocar en los hogares las ofrendas a los familiares muertos. Pocas personas conocen y siguen la tradición de poner una ofrenda el día primero en colores claros o blanco con dulces, juguetes y alimentos propios de los niños. Hasta hace algunas décadas la mortandad infantil era tal en nuestro país, que prácticamente todas las familias habrían perdido algún miembro durante la infancia. En la noche de ese día, la primera ofrenda se debe levantar y colocar la ofrenda de los adultos para el día 2 de noviembre. El jardín Guerrero se llena de decenas de puestos, mismos que necesitan y gozan de la amplia sombra de sus arboledas de laurel de la India. Se venden las tradicionales calaveritas (cráneos) de azúcar, otras hechas de chocolate, figuras de esqueletos hechos de pasta de azúcar o alfeñique, dulces de todo tipo, esqueletos hechos de cartón, juguetes tradicionales de madera o cartón. En la Plaza de Armas, en el patio central del Palacio de Gobierno, en escuelas y en algunos centros comerciales se colocan también grandes altares de muertos. Todas estas ofrendas son muy hermosas y hasta espectaculares, pero la tradición es colocar altares familiares en los hogares, ahí es su espacio propio y donde tienen sentido. Las ofrendas fuera del hogar dejan de ser folklore y se convierten en fakelore; son atractivas, revitalizan nuestras tradiciones, pero desvirtúan el sentido original de las mismas. Caminando por las calles de Querétaro encontré una hermosa ofrenda familiar colocada en la entrada de la casa y con la gran puerta abierta; así tendrían que ser nuestras ofrendas, en el ámbito familiar. Los días de muertos siguen siendo fechas para recordar a los familiares o amigos que se han adelantado en el camino hacia el más allá, pero son también días de cierta felicidad, de gozo poco solemne, prácticamente sin tristeza. Todavía habría que describir la otra parte tan importante de estos días, la visita familiar a los panteones o cementerios a ver las tumbas de los familiares o amigos difuntos, limpiarlas o arreglarlas y quizá pronunciar alguna oración. Por muchos años los días de muertos fueron de visita obligada al panteón de la Leona en Cuernavaca, donde descansan mis ancestros Mañón. Ahora ya como adulto no visito tumbas en estos días, pero trato de colocar siempre en casa una modesta ofrenda para mis muertos. Trata de hacer lo mismo y mantener nuestras tradiciones y cultura ante el embate del Halloween y la globalización.

martes, 1 de diciembre de 2009

¡Ñeros metaleros!
















Lutz y Dirty Woman.
Aprecio todo casi tipo de música y difícilmente hay un estilo que pudiera decir es mi favorito, pero es cierto que de algunos géneros conozco muy poco y en éstos apenas habrá cuatro o cinco piezas que identifique o me lleguen a gustar. El Heavy Metal o simplemente Metal es uno de ellos, de este o de cualquier otro género difícilmente distingo sus características musicales, tan sólo puedo decir de sus piezas si me gustan o no me gustan. No toco instrumento alguno, solamente sé el nombre de las siete notas musicales, pero pienso que la música es algo indispensable en esta vida, que la hace más placentera, la enriquece y se puede disfrutar cada vez más en la vida diaria y sin mayores problemas (aparatos de musica personal). Lutz Keferstein estimado colega y amigo es metalero de corazón y gracias a él me he acercado un poco a este género, pero fue hasta hace muy poco que tuve la oportunidad de verlo cantar con su grupo Dirty Woman. Viajé a la ciudad de México, pues la presentación fue en un lugar llamado el Multiforo Cultural Alicia, en la avenida Cuauhtémoc. El toquín fue un viernes por la tarde; a eso de las 20:30 horas ya esperaba en la fila para adquirir mi boleto de entrada, 60 pesos. Jóvenes y adultos estaban conmigo en la fila, casi todos ellos ataviados con playeras o ropa negra, algunas grandes cabelleras, pero nada en realidad extraordinario en su apariencia. A eso de las 8:45 la fila empezó a avanzar y todos entramos al recinto. El lugar me pareció muy pequeño, apenas unos 150 metros cuadrados en la parte para los espectadores, pero habría que decir que es el tamaño ideal; pues pocos rockeros arribaron al toquín, unos cien o ciento cincuenta. En una esquina había un pequeño cuarto y ahí vendían cerveza; algunos metaleros con experiencia compraban el cartón completo para la noche y se sentaban en el mismo. El foro estaba en la obscuridad y de los demás espectadores apenas distinguía vagas siluetas, pero busqué un lugar no muy lejos del estrado y frente a una columna de acero para recargarme en ella. Cuatro o cinco grupos tocaron antes de Dirty Woman y esa fue definitivamente la peor parte y no porque tocaran muy mal, sino por la espera, casi cuatro horas de pie. Cuando empezaba el primer grupo creí identificar por ahí a Lutz y en efecto era él, como siempre muy bien acompañado. Platicamos muy poco, pues el alto volumen de la música lo hace casi imposible. Justo enfrente había un par de gigantescas bocinas que hacía vibrar todo mi cuerpo; de hecho inhalaba profundamente, me colocaba la mano sobre el pecho y me era posible sentir la música vibrar en la caja de resonancia de mis pulmones. Después de un rato me coloque unos pequeños tapones en los oídos para soportar el apabullante y avasallador volumen. Hubo algunas canciones que disfrute, pero me desesperaba en los 15 o hasta 20 minutos que utilizaba cada grupo para cambiar instrumentos y afinar. A eso de las una de la mañana llegó por fin el turno de Dirty Woman. De su música no tengo un claro recuerdo, pues estaba yo muy emocionado, luego de tan larga espera finalmente ver a Lutz en acción y por estar tomando muchas fotos. Pero el público se encendió con algunas rolas del grupo. Lutz reclamaba a las personas del foro que ajustaran debidamente los niveles de volumen de voces e instrumentos e incluso se llegó a molestar, pero la verdad es que a tan alto volumen yo no escuché o advertí diferencia alguna tras los supuestos ajustes. Debo reconocer que lo que más me sorprendió del Metal es la fuerza y pasión de su ritmo, más a ese nivel de volumen; es como si un camión de 20 toneladas te arrollara. Lutz canta definitivamente muy dentro del estilo metalero, intensamente. A la salida compré mi playera del grupo, así podré ir ataviado de forma más propia al próximo toquín. Dirty Woman amenaza con venir a tocar a Querétaro muy pronto, ahí estaré y esta vez pondré más atención a la música. Por cierto, que este primero de diciembre del 2009 Dirty Woman lanzó un nuevo disco. http://www.myspace.com/elmagodelavida

miércoles, 11 de noviembre de 2009

¡Hay tamaleeeees!






















Un platillo muy mexicano.
El tamal es uno de los platillos que distinguen a México en el mundo, no sólo es posible encontrar tamales por todo México, sino también es incontable su variedad. El tamal es básicamente un alimento de masa de maíz, que puede tener un relleno o no, envuelto en hojas de maíz o plátano y que es cocinado al vapor. Es un alimento cotidiano, se le encuentra lo mismo por las mañanas a manera de rápido y económico desayuno, o por las tardes para cenar en casa. Se pueden comprar en tamalerías establecidas o con innumerables vendedores ambulantes. Deben ser miles los puestos callejeros que expenden tamales cada mañana por todo México. Los tamales cotidianos son casi siempre los envueltos de hojas de maíz, con salsa verde, con salsa roja o los dulces, pero existen cientos de variedades en las diversas regiones del país. Los tamales de camarón de Sinaloa, las corundas y los uchepos en Michoacán, el gigantesco zacahuil en la Huasteca, el tamal de cazuela en Veracruz, los costeños o oaxaqueños en hoja de platano, los nejos o de ceniza, sin relleno, en el sur del país, por mencionar apenas unos cuantos. Se pueden comer recién hechos despidiendo todavía vapor, al día siguiente fritos, en un budín hecho con varios tamales crema y queso, o a la manera del popular desayuno en la ciudad de México, la torta de tamal, mmm!
En la ciudad de Querétaro hay lo mismo reconocidas tamalería establecidas hace décadas, que decenas de vendedores ambulantes. Hay variedad de tipos, ingredientes, precios y calidades. En el centro de la ciudad, en una sola calle curiosamente, se concentran varias tamalerías y una de ellas es mi favorita. Super tamales y atoles de Querétaro, en el 41 de la calle de Arteaga (entre Allende y Guerrero), a unos ciento veinte metros de la hermosa iglesia de Santa Rosa Viterbo. Este establecimiento que abrió en el año de 1968, ofrece tamales rojos, verdes, de dulce, oaxaqueños, de mole, de pollo, de res, de rajas, de queso; todos muy buenos. En la misma tamalería hay un pequeño restaurante que además de tamales ofrece pozole, menudo y otros platillos. El lugar me gusta por sus tamales, pero también tiene magníficos atoles, hechos con fruta natural y sus sabores varían a lo largo de la semana. El servicio es bueno, el lugar es muy limpio y los precios módicos. Los tamales son deliciosos, muy alimenticios, un platillo milenario y muy mexicano.

martes, 20 de octubre de 2009

Cordialidad pulquera.







Un memorable recorrido.
Hace algunas semanas llevé de paseo por los alrededores de la ciudad de Querétaro a una valiente dama que nos visitaba de una las universidades con las que tenemos intercambios internacionales. No era la primera vez que estaba en nuestro país y pronto advertí en ella un amplio conocimiento de nuestra cultura y un profundo interés por conocer todavía más. Habíamos iniciado nuestro recorrido un sábado muy temprano y para mediodía platicábamos entretenidamente sobre las costumbres y comida de México. Ella manifestó gran interés por probar el pulque y sobre todo por conocer una pulquería. Acordamos pues volver a la ciudad de Querétaro y visitar este particular tipo de establecimiento (ver La auténtica bebida nacional, junio 2009). Debo de confesar que tenía una cierta inquietud o temor pues no es el tipo de lugares a los que se lleva a directivos de instituciones educativas extranjeras. También me preguntaba sobre la posible reacción de los parroquianos del lugar ante la visita de una mujer evidentemente extranjera. Antes de entrar le manifesté a mi compañera mis dudas sobre la posible reacción a nuestra visita y le pedí que al entrar no me hablara, pues nos comunicábamos en inglés; que yo pediría dos pulques en la barra, luego buscaríamos un lugar para sentarnos rápidamente y quizá no llamar mucho la atención. Ya sentados evaluaríamos la situación y en caso que algo le desagradara o se sintiera incómoda me lo comunicara para salir del lugar. Entramos sin intercambiar palabra, pedí en la barra un curado de piña, un pulque natural y nos sentamos en el extremo de una larga mesa. La idea de pasar inadvertidos resultó fallida; tan pronto entramos todas las miradas de los 20 ó 25 clientes del lugar nos siguieron. Ahora ya es común la presencia femenina en cantinas y pulquerías, pero por ser evidentemente extranjera, la mayoría de las miradas eran hacia ella. Nos sentamos y le pregunté si se sentía muy incómoda, pero contestó que estaba bien y disfrutando la experiencia. Los clientes estaban en grupos, algunos de mujeres y hombres y otros solamente hombres. Algunos bebían en la barra, otros platicaban en mesas, todos escuchaban la música y bebían pulque o cerveza. Bebimos de nuestros pulques y observamos que algunos parroquianos empezaron a bailar. Ella ya me había manifestado su gusto y conocimiento del baile con música afroantillana y muy a tiempo me advirtió que si alguien le pedía salir a bailar, con gusto aceptaría. De una mesa frente a nosotros muy amablemente nos ofrecieron algunos cigarrillos, los cuales rechazamos, algo muy tonto de mi parte, pues no es la mejor de las costumbres rechazar algo que se le ofrece a uno de manera tan cordial. Ninguno de los dos fumaba, pero conozco como hacerlo y no hubiera sido mayor problema fumar un poco. Desgraciadamente advertí mi error a los 10 segundos de decir “muchas gracias, pero no fumamos”. Un minuto después un hombre solicitó mi permiso para sacar a mi acompañante a bailar, por suerte ella ya había manifestado que no le molestaría hacerlo, pues de otra manera no hubiera sabido bien cómo reaccionar o que contestar. A los 15 segundos una dama me tomó de la mano y salimos también a bailar; esta vez de inmediato acepté y agradecí la invitación, en lo que observaba a la otra pareja bailar. La persona que bailaba con ella, estaba muy contento sin duda y no paraba de platicarle algo a lo que le contestaba que no hablaba español, lo cual no impidió que él siguiera platicándole incluso con algunas palabras en inglés. Después de un par de piezas de música volvimos nuestro lugar muy contentos por la aceptación que habíamos tenido en el lugar y lo bien que estaba resultando nuestra experiencia en la pulquería. A los pocos minutos, desde la misma mesa frente a nosotros nos enviaron como obsequio una cerveza, la cual esta vez tuve que rechazar, para inmediatamente aconsejar a mi acompañante que era el momento de retirarnos, pues si permanecíamos íbamos a terminar bebiendo muchas cervezas o bailando toda la tarde. Agradecí de nuevo la generosidad a nuestros vecinos, me disculpé diciendo que todavía teníamos por delante un largo recorrido y me despedí; no sin antes pasar por la barra, pagar nuestros pulques y una cerveza para cada persona en la mesa desde la cual nos invitaron cigarros y bebida. Vaya que me equivoque sobre nuestra visita a la pulquería, anticipé un posible recelo u hostilidad y resultó todo lo contrario, tuvimos que abandonar del lugar por un exceso de cordialidad. El resto de la tarde recorrimos el mercado del Tepe (ver Seguro lo encuentras en el Tepe, mayo 2009), alcanzamos todavía a visitar un par de cantinas y a disfrutar casi dos horas del baile que hay todos los sábados por la tarde en la antigua estación del ferrocarril (ver Danzón dedicado, mayo 2008). Un día inolvidable, sin duda alguna.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Una taquería muy especial.











Tacos de copete.
El taco es el platillo más común en México, lo podemos encontrar por todo el territorio nacional, en diferentes precios y calidades, a toda hora del día o noche, de variadísimos ingredientes, tamaños y formas de prepararse. Las taquerías repiten ingredientes, salsas y complementos, es difícil encontrar algo que escape a lo común. Hace casi tres años hablando de taquerías con mis estudiantes, Álvaro Hernández me recomendó un lugar muy bueno que ofrecía “tacos de copete”. Las señas para dar con el lugar eran vagas y me tomó meses encontrarlo abierto y apenas hace unos días pude ir con calma a conocerlo. Ya antes lo había lo había visitado un par de veces y hasta probé algunos tacos, pero no pude disfrutarlos pues recién había cenado en otro lugar. Todavía ignoro si el lugar tiene nombre, pues no hay letrero alguno que lo identifique como taquería y sólo se sabe que lo es, cuando se encuentra abierto. Esta taquería está en el número 235 de la calle Cinco de Mayo, a unas cinco cuadras de la Plaza de Armas de la ciudad, la caminata es cuesta arriba, pero que mejor forma de desarrollar un apetito. El lugar es muy pequeño, la estrecha entrada a una vivienda, sin mesas y apenas unas cuantas bancas para sentarse. En una esquina un refrigerador con las bebidas y a un lado de la entrada un pequeño carrito metálico donde se preparan los tacos. Como si fueran tacos de cabeza, los ingredientes se mantienen calientes pues se encuentran sobre una charola perforada, bajo la cual hierve agua y también se cubren con una tela húmeda. A un lado una tabla para picar, las tortillas, la salsa, los platos y las servilletas. El lugar abrió hace cerca de 20 años y es atendido diligentemente por don Juan González y doña Carmen Martínez. Se ofrecen tacos de cuatro diferentes ingrediente, copete, buche, redaño y montalayo. Los tres primeros son cerdo. El primero carne de algún lugar del cerdo que quizá he comido con otro nombre, muy suave y de muy buen sabor y quizá el taco más consumido ahí. El buche es el estómago del cerdo. El redaño es una víscera que no alcancé a identificar, pero algo oscura y de muy buen sabor, pero hígado definitivamente no es, ni corazón. El montalayo, uno de los platillos de la barbacoa, es de carnero, lo que en otros lugares es también conocido como panza; las vísceras del borrego bien picadas, sazonadas con especias, y guisadas dentro de uno de los estómagos. Una característica muy especial de los tacos en este lugar es lo finamente picados que son los ingredientes, don Juan los trabaja muy bien en la tabla de picar y los deja en pedazos tan pequeños que alcanzan mayor sabor y se mezclan muy bien con la salsa. Otro detalle extraordinario es que sus tortillas son hechas a mano; de magnífico sabor y por ser un poco más gruesas y consistentes, no es necesario usar doble tortilla en cada taco, como se acostumbra con los tacos de carnitas de cerdo.
Los clientes ya esperan afuera antes de que abran y hay que llegar muy a tiempo; otra característica poco común del lugar, es que solamente abre de lunes a viernes de las 8 a las 10 de la noche, a veces antes, si se les acaban los ingredientes preparados para ese día. “Los tacos de copete” como mucha gente los conoce, son el secreto de unos cuantos, ya sea por su inexistente letrero o por su breve horario. Es por eso que tardé meses en encontrarlos y luego visitarlos, pues por lo regular salgo a cenar tacos solamente los fines de semana. Llama mucho la atención el hecho de que un negocio con tanto éxito y tan bien establecido tenga un horario tan limitado y sobre todo que no abra los sábados. En un mundo donde impera el capitalismo irrestricto y su deseo de ganar y ganar dinero sobre todas las cosas, llama la atención que alguien trabaje sólo lo necesario para cubrir sus necesidades. Sus tacos son muy buenos, con gran sabor y calidad; bien podrían abrir todos los días, en un horario más amplio y más adelante incluso pensar en sucursales y hasta franquicias. Me da mucho gusto ver que la avaricia no lo ha conquistado todo y que hay personas que valoran una vida tranquila con aquello que es suficiente y que no se dejan seducir por la propaganda del compra, compra o no eres nadie y rehúsan subirse al tren del voraz capitalismo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Cultura casi mexicana.





























Nuevo México, la tierra del encanto.
Hace ya casi un año, en el verano del 2008, visité el estado norteamericano de Nuevo México; asistí a un curso para profesores de Historia del Bachillerato Internacional. Por allá de 1982 había visitado la Universidad de Nuevo México para buscar información para mi tesis de licenciatura en la biblioteca y el archivo histórico. Esta vez no me quedé en Albuquerque su capital, sino que fui al llamado Castillo de Montezuma, muy cerca de la pequeña población de Las Vegas, en el norte del Estado. El United World College tiene ahí una de sus sedes, donde estudian jóvenes de todo el mundo durante el año escolar y ofrecen cursos para profesores en el verano. El llamado castillo es un viejo e interesante edificio que originalmente fue hotel para millonarios norteamericanos y europeos que buscaban descanso y salud en las aguas termales y hermosa naturaleza del lugar. Como muchas ciudades o construcciones del siglo XIX, el llamado “Castillo de Montezuma” se quemó un par de veces y fue reconstruido; vio pasar su época de gloria, fue prácticamente abandonado y curiosamente en 1937 la Iglesia católica mexicana lo adquirió y convirtió en un seminario. Muchos miembros de la jerarquía católica mexicana de hoy en día estudiaron en ese edificio (de ahí expulsaron en 1940 al cada vez más desprestigiado Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo). En 1972 la Iglesia católica mexicana lo dejó y por casi una década estuvo abandonado, hasta que en 1981 lo adquirió el UWC y con la ayuda del millonario norteamericano Armand Hammer se restauró y convirtió en uno de sus colegios.
Nuevo México fue por más de dos siglos parte de la Nueva España y hasta 1848 parte de México. La primera exploración de la región la hizo Francisco Vázquez de Coronado allá por 1540, pero dicha expedición no se convirtió en ocupación pues no encontraron las riquezas esperadas e inspiradas en las leyendas de El Dorado o las siete ciudades de Cíbola y Quivira. Fue hasta 1599 que otro grupo bajo el mando de Juan de Oñate conquistó la región y la agregó a los dominios del imperio español. Nuevo México no se distinguiría por generar grandes riquezas, pero se mantuvo para no permitir que fuera ocupado por otras potencias europeas. Siempre ha sido una región de pocos recursos y gracias a esto se mantuvo con poca población y con grandes extensiones de territorios naturales, su pobreza llevó a un congresista norteamericano a declarar, unos años después de 1848, que habría que hacer la guerra otra vez a México y obligarlos a tomar de vuelta Nuevo México. Pobre quizá, pero sin duda muy hermoso, con nevadas montañas, amplios horizontes, panorámicos cielos, interminables bosques, con un ambiente de tranquilidad.
Este territorio se distinguió de otros lugares en el norte de la Nueva España, pues ahí vivían los indios llamados por los españoles Pueblos; quienes a diferencia de los cazadores recolectores de esas regiones norteñas, éstos eran básicamente agricultores y vivían en grandes y complejas construcciones de adobe, mismas que les dieron su nombre. Hoy en día la arquitectura característica de Nuevo México mantiene en sus exteriores el color adobe y aunque construida ya en materiales modernos, pareciera ser de este rústico material. La toponimia de Nuevo México está llena de nombres en español y su comida es prácticamente mexicana. Por muchos años los habitantes de este estado se decían orgullosos descendientes de mexicanos que vivían ahí antes de 1848 y hasta cierto punto era verdad que por su pobreza el estado recibió muchos menos migrantes que Texas o California.
El curso fue muy interesante, pero la mejor parte es siempre conocer e intercambiar experiencias con dedicados colegas. En clase se puede platicar poco, pero en los descansos y durante las comidas es posible conocer a decenas de maestros diferentes y aprender mucho. Como en otros cursos, en los días de descanso tuvimos la oportunidad de visitar la cercana población de Las Vegas y en otra tarde la antigua capital del territorio, Santa Fe. Seguramente Nuevo México no recibe tanto turismo como California o Florida, pero alcanza un constante flujo de visitantes; atraídos por sus lugares naturales, múltiples galerías de arte, comida, historia, rica cultura y relajado ambiente.