sábado, 29 de mayo de 2010

El ayate de don Benito






Producción artesanal en Querétaro.
La modernidad se extiende día a día por todo México y el mundo, me supongo que muchos la promueven y la desean, pero ésta inevitablemente desplaza muchas costumbres y prácticas ancestrales que se pierden para siempre. Querétaro tuvo hasta la primera mitad del siglo XIX un gran número de talleres textiles, mismos que desaparecieron paulatinamente con la llegada de grandes y modernas fábricas textiles en la segunda mitad de ese siglo (la fábrica del Hércules la primera y más famosa, 1840). Infinidad de manufacturas locales han desaparecido ante la llegada de artículos hechos en grandes fábricas y procesos automatizados. Cada vez es menos común encontrar objetos no sólo hechos en Querétaro, sino en procesos artesanales. Hace unos meses tuve la oportunidad de encontrarme con uno de esos objetos que se pensaría dejaron de ser usados hace décadas y que de su existencia sólo queda memoria en los libros. En una de las visitas que hacemos con estudiantes a comunidades rurales queretanas (véase Comunidades queretanas 07, febrero 2008), encontré y pude ver la elaboración de un guangoche o ayate. La prenda en la que se estampó la imagen de la Virgen de Guadalupe era supuestamente el ayate de Juan Diego, aunque su tela no es ixtle y su tamaño es el de un Juan Diego basketbolista de la NBA. Estas piezas textiles tienen sin duda un origen prehispánico; son rectángulos de una tela muy burda con correas en sus cuatro extremos, dos de ellas se anudan y se colocan tras el cuello y las otras dos también anudadas van sobre un hombro. El guangoche o ayate es una prenda de trabajo, sirve para cargar en ella un buen número de mazorcas de maíz u otros productos agrícolas, son una especie de sencilla gran mochila, pero que se lleva al frente y no en la espalda.
Visitamos la comunidad de Bosxani en el municipio de Cadereyta y ahí pudimos ver a don Benito hilando la cuerda o mecate con el que elabora a mano sus ayates. El proceso es rudimentario y muy interesante. El artesano, camina por un pasillo que se entiende unos 50 metros entre casas y campos de cultivo. Lleva consigo una gran cantidad de fibras de ixtle (fibras del maguey, véase La auténtica bebida nacional, junio 2009) y en la cintura lleva anudada una pequeña cuerda con la cual hace girar una especie de rueca a cada paso que camina. La sencilla pero eficiente rueca se encuentra en un extremo del pasillo y está hecha con una vieja rueda de bicicleta, alambre y algunos irregulares maderos, cuando el artesano camina, jala el cordón que lleva atado y la rueda de bicicleta hace girar otro eje menor al cual está conectada, torciendo rápidamente las fibras que con paciencia don Benito alimenta a la cuerda de ixtle que elabora. Luego de recorrer el pasillo varias veces, el grueso hilo para el ayate está listo. Ya en casa y con rudimentarias herramientas, el guangoche se teje y su creador lo lleva a vender al mercado de Cadereyta en 80 pesos. Me imagino es más fácil y económico elaborar ayates con la tela plástica de costales. Me pregunto si una vez que don Benito deje de hacerlo no habrá ya quien elabore guangoches de ixtle en Bosxani. Curiosamente el proyecto productivo que visitamos en esa comunidad fue un pequeño taller textil donde cosen o ensamblan prendas de tela para las grandes tiendas citadinas, no faltará quien ahí retome la elaboración de guangoches pero con materiales más modernos y económicos.

lunes, 24 de mayo de 2010

¿Gordas bien buenas!






Orgullo queretano.
Pues obviamente no nos referimos a las habitantes femeninas de nuestra ciudad, sino al que es sin duda el platillo más característico de nuestra ciudad o estado (están las enchiladas queretanas, pero no son tan comunes y se parecen mucho a las enchiladas que venden en los puestos callejeros por todo Michoacán). Las gordas de maíz no son otra cosa que gruesas tortillas, uno o dos centímetros de espesor y de ahí su nombre, gordas, o gorditas como comúnmente se les llama, aunque algunas de ellas no sean del todo pequeñas. Estas gruesas tortillas casi siempre llevan un relleno y quizá el más popular en el país es el chicharrón prensado (los asientos de la fritura del chicharrón), pero también frijoles refritos y variedad de guisos. Recuerdo incluso las llamadas gorditas de un restaurante especializado en las carnitas de cerdo (El Arroyito) que eran prácticamente esferas del tamaño de un puño grande y el relleno era pues carne de cerdo frita. En Zacatecas tienen renombre las gorditas de Doña Julia y por el resto del país también las elaboran. Pero las gordas de Querétaro son diferentes y se les encuentra prácticamente por todo el estado. Su tamaño varía desde pequeños discos de 12 ó 15 centímetros a grandes piezas de casi el tamaño de un plato. Además todas las gorditas queretanas se elaboran con dos rellenos, queso o migaja (los asientos de la preparación de las carnitas de cerdo). Estos ingredientes se colocan en el interior de la gruesa tortilla antes de freírse en aceite o cocinarse en el comal, son un extra, pues lista ya la gordita, se abre por mitad y se rellena con otros ingredientes más. El segundo relleno va desde sencilla lechuga y salsa hasta variados y complejos guisos. En la población de Bernal son famosas las gorditas de nopal en penca; tiernos nopalitos aliñados y guisados dentro de una gran penca u hoja de la misma planta cortada en su interior para en ella guisar los nopalitos al vapor. Ya en la ciudad otro rellenos comunes son carne de cerdo en verdolagas, tinga de pollo, asadura (vísceras de cerdo), papas, chorizo, chicharrón prensado, nopales, picadillo, champiñones o mollejas de pollo en salsa verde. Por todo Querétaro se pueden encontrar las famosas gorditas de maíz amartajado, en la cuales la masa de maíz no se preparó en un molino sino que el grano fue machacado o amartajado solamente, la masa es más gruesa y en ella se encuentran todavía pequeños y duros fragmentos de los granos de maíz.
No hay manera de visitar Querétaro sin encontrar este platillo, pero los lugares con fama son los siguientes. En la esquina sur poniente del jardín Guerrero, en el centro de la ciudad. A unos metros de la esquina noroeste dentro Mercado de la Cruz, magníficas gorditas de maíz amartajado con un simple relleno de lechuga y salsa (El Güero y Lupita). La población de Bernal tiene decenas de lugares que ofrecen esta especialidad, incluso celebran cada noviembre la Feria de la Gordita y el Sarape. En el centro comercial Plaza las Américas, en la avenida Constituyentes, hay tres o cuatro restaurantes que ofrecen gorditas y otros platillos típicos. Las gorditas de queso o migaja, con o sin doble relleno son un platillo económico, sencillo y delicioso en todo Querétaro.

domingo, 2 de mayo de 2010

¡Y la cosecha de zarzamora pronto se acaba!






Los campos de primavera.
Una de las mejores épocas para salir de paseo es el verano: los campos, cerros e incluso el semi-desierto queretano se distinguen por su rebosante vida y verdor. En los amplios valles se comprueba la frase del poeta “Patria tu superficie es el maíz”. Las constantes lluvias embellecen el paisaje y a cualquier lugar al que se mire, hay una escena de tarjeta postal. Mas la primavera tiene también sus encantos; flores por doquier, un sol que calienta sin asar y refrescantes vientos que mecen el paisaje. En un paseo por el sur poniente de Querétaro disfruté de las bondades de la primavera. Los campos se preparan para sembrar el maíz de temporal que crecerá con las lluvias de verano. El campo está algo seco, pero no por completo, gracias a los innumerables jagüeyes o pequeñas presas de tierra que almacenan el agua de lluvias del año pasado. Los campos de trigo son un dorado mar con sutil oleaje y pájaros de todo tipo cruzan el paisaje.
La primavera es también el tiempo que se debe visitar un lugar muy especial de los campos queretanos. Muy cerca de San Juan del Río y a unos 40 kilómetros de la ciudad de Querétaro se encuentra un campo lleno de arbustos de zarzamora. Este fruto es poco conocido en nuestro país, además de que alcanza un alto precio por los cuidados extremos que se deben tener para no maltratarlo. Pues en este lugar hay cientos de metros de plantas de zarzamora y es precisamente en esta temporada que sus frutos crecen y maduran. De la última semana de abril hasta fines del mes de junio se puede visitar este interesante lugar y uno mismo recolectar toda la zarzamora que se desee. Se paga por cada recipiente de un litro que se llene, frutos cultivados de forma orgánica y a un precio por mucho inferior a su valor en los supermercados. La experiencia de uno mismo recolectar los frutos maduros de los arbustos es única para todos aquellos que comúnmente recolectamos nuestros alimentos de la estantería de un supermercado. En menos de media hora, bajo un tibio sol y cielo azul intenso, se pueden seleccionar dos o tres litros de frutos perfectos y bien maduros. Con la zarzamora se puede hacer mermelada, helado, crepas, tartaletas o simplemente disfrutar de su natural frescura y sabor.
El huerto de las zarzamoras es un magnífico paseo familiar. El lugar se encuentra a unos dos kilómetros de la carretera México-Querétaro. A la altura del Hotel Misión San Gil o la salida a la carretera hacia Amealco; hay que tomar rumbo al poniente. A un kilómetro de la autopista, a la derecha, está un pequeño camino que va al poblado de Palomas. A unos 800 metros por este camino, del lado izquierdo, se pueden ver las filas de arbustos de zarzamora. El huerto abre los viernes en la tarde, sábados y domingos de esta corta temporada. ¿Qué otro producto podemos ir a cosechar de forma directa? Como no sea ir a robar elotes de una milpa a un lado del camino en los meses de julio o agosto.

martes, 20 de abril de 2010

Barrio resucitado.












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El Museo de Arte Popular
Hace poco visité el nuevo Museo de Arte Popular en la ciudad de México (Independencia y Revillagigedo), en verdad no es tan nuevo, recién cumplió 4 años en otra sede, pero por años estuvo en un viejo templo en Avenida Juárez frente a la Alameda Central. El antiguo museo era pequeño, sencillo y poco atractivo; recuerdo haberlo visitado un par de veces y apenas alcanzo a recordar un gran mural con el mapa de nuestro país y sus artesanías en él. El nuevo museo es por mucho mayor, en un lugar excepcional y con una grande y magnífica colección muy bien exhibida. El actual recinto fue originalmente la estación central de policía y bomberos, construida en el año 1928 en un discreto estilo Art-decó. Recuerdo como ese edificio estuvo por años pintado en un serio color gris oscuro; ahora destaca entre los modernos edificios de la zona por su anacrónica belleza y llamativo color blanco. Toda esa zona entre la Alameda y la calle de Independencia sufrió severos daños en el terremoto de 1985. A la vuelta de la esquina estuvo el Hotel Del Prado, un poco más allá el Hotel Bamer, luego edificios de la Secretaría de Marina. Estas construcciones fueros destruidas paulatinamente y la zona se encuentra renovada y llena de vida una vez más.
A un costado de la entrada está la tienda del museo, ahí se ofrece una amplia colección de artesanías de diversas partes de México; arte popular de variados precios y calidades. En el gran patio central, ahora techado por moderna estructura, se montan exposiciones temporales y luce radiante la arquitectura del edificio. La distribución de las piezas de arte popular es por género y no por origen. Hay magníficas piezas contemporáneas y de antaño. Es todo un placer revisar en un breve recorrido los principales tipos de arte popular de nuestro gran país, además de apreciarlo en piezas de gran calidad. En una mañana se puede recorrer y disfrutar este hermoso resumen artístico.
En la misma calle de independencia, en el número 64 a unos metros del museo, se encuentra el establecimiento Libros Selectos, Modesto Vázquez García. Hay librerías más grandes y mejor surtidas, pero este particular negocio ofrece obras poco comunes. Hay en sus vitrinas cerca de treinta o cuarenta títulos sobre la Alemania Nazi, mas no las obra más conocidas. Ahí se exhibe y vende la controvertida obra Derrota Mundial de Salvador Borrego. Me imagino que la mayor parte son obras publicadas en España. Hay también bastantes libros sobre la Segunda Guerra Mundial y la Revolución Mexicana.


Si después de una larga caminata por el arte popular de nuestro país y una búsqueda de libros se tiene apetito; a sólo cien metros del museo, en el número 87-A de la misma calle de Independencia, está la tradicional tortería La Texcocana, fundada en 1936. Este establecimiento se ha mantenido no sólo funcionando sino en el gusto de los mexicanos por setenta y cuatro años. Sus tortas son pequeñas, por lo que se pueden comer dos o tres con diferentes ingredientes. La especialidad son las tortas de bacalao y las de carnitas, pero también se ofrecen de paté, sardinas, pastel de pollo, aguacate, queso amarillo, queso blanco, queso de puerco y jamón. Y si las tortas no son su idea de cerrar un magnífico día, a unas dos cuadras del museo está el barrio chino de la ciudad de México (Dolores e Independencia) con innumerables restaurantes de comida deliciosa, abundante y barata.

martes, 16 de marzo de 2010

¡Es como un sueño!

Pequeño zacahuil



Xilitla desde lo alto















Xilitla.
En diciembre del año pasado pude por fin visitar Xilitla, famoso pueblo en la Huasteca potosina. Ya desde hace más de 20 años había oído del lugar y del famoso jardín surrealista de Edward James. En la familia decidimos pasar la Nochebuena y Navidad de viaje y puedo decirles que fueron magníficas fiestas descubriendo nuestro país y su gente. Xilitla se encuentra a unos cuantos kilómetros de la Sierra Gorda queretana, rumbo a Cd. Valles. La población está en plena Sierra Madre Oriental, justo donde las montañas detienen las nubes y la humedad que provienen del Golfo de México. Al parecer en verano el lugar es muy caluroso y húmedo, pero en diciembre la temperatura fue muy agradable, aunque con algo de humedad. Este especial clima desarrolla en la región una exuberante vegetación, por años ha dado fama al café de Xilitla y animó a Edward James a comprar una propiedad, allá por 1948 (Las Pozas), para establecer un orquidiario. James fue un millonario inglés, artista y también patrono de las artes, viajó por todo el mundo y en uno de sus múltiples recorridos encontró Xilitla. Fue hasta la década de los años setenta del siglo pasado que este personaje empezó a construir en su propiedad hermosas y extrañas estructuras de concreto, algunas para servir como vivienda, pero la mayoría con propósitos meramente ornamentales. Esta arquitectura fantástica se convierte en algo todavía más atractivo por encontrase casi perdida u oculta en la densa vegetación de la región. El extraño conjunto se antoja escenario de un sueño o de una obra artística surrealista. Me imagino que en el intenso y sofocante calor del verano el lugar genera todavía un mayor impacto en los visitantes. Las Pozas se encuentra en inclinada ladera, por lo que recorrerla es cansado, pero también agrega belleza a sus estructuras dispuestas en variados niveles, apareciendo y desapareciendo tras la vegetación. En un extremo del terreno corre un hermoso y fresco arroyo que debe de ser un paraíso para los visitantes en época de calor. En el pueblo de Xilitla existe un museo-restaurante con los moldes originales que se usaron para hacer las caprichosas formas arquitectónicas, así como información sobre la vida de Edward James.
Otra actividad que disfrutamos mucho fue después nuestra larga visita a Las Pozas; justo frente a este lugar nos ofrecieron un recorrido en motocicletas de cuatro ruedas por los alrededores de Xilitla. El paseo no sólo fue muy divertido, sino que también nos llevó por caminos y veredas que difícilmente se recorren sin la guía de un lugareño. Xilitla aparece en fotos de hace unos setenta años como un típico pueblo mexicano de esa época, con construcciones de adobe y techos de teja; poco queda ya de ese pintoresco pueblo, pero sus habitantes son los mismos, muy amables y orgullosos de su región. Un gran número de personas visitan Xilitla, resulta interesante como el jardín de Edward James atrae a cientos, incluso miles de personas diariamente, muchos de ellos jóvenes europeos; llegan indefectiblemente a este sitio algo aislado y de no fácil acceso. No hay en la población lujosos hoteles o paradisiacos resorts, sino sencillos hostales, pequeños hoteles y cabañas. La comida sigue teniendo una fuerte influencia indígena y es otro interesante atractivo regional. Nosotros nos hospedamos en el original Hostal del Café


pequeño hotel familiar amablemente atendido por Dalila y Alex. Ahí cenamos la noche del día 24, una cena que vivirá en mi memoria por lo exquisito de sus alimentos, la extrema amabilidad de nuestros anfitriones y sobre todo por la interesantísima conversación que tuvimos sobre las costumbres, historia, y características de Xilitla y sus alrededores. En cualquier hotel se puede tener una rica y sofisticada cena, pero la atención personal, los amplios conocimientos y entretenida conversación de Dalila y Alex, fueron lo mejor de nuestra estancia en el Hostal del Café. Si vas a pasear por las misiones de la Sierra Gorda queretana, extiende un poco tu recorrido y no dejes de visitar Xilitla.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¡La pura feria!


















La feria ganadera de Querétaro.
Diciembre es el mes de la Feria Internacional Ganadera de Querétaro, bueno en realidad inicia en los últimos días de noviembre y llega hasta la mitad del último mes del año. Este debe ser el evento más importante del estado; la fiesta del santuario de Soriano quizá reciba más personas por día, pero su duración es menor. Queretanos y habitantes de los alrededores visitan el evento de menos una vez cada año y algunos adolescentes gustan de ir dos o tres veces por semana, en especial por las noches, cuando ahí se reune la juventud en conciertos gratuitos. La feria se celebra en un lugar que es centro expositor y también autódromo, hay tres grandes pabellones, otros menores, un gran auditorio, palenque para peleas de gallos y variados espacios para restaurantes. Las instalaciones son amplias, pero en los días de mayor afluencia resultan apenas suficientes. En dos de los grandes pabellones hay centenares de puestos que ofrecen una inmensa variedad de productos; alimentos, ropa, zapatos, productos regionales, muebles, libros, ornamentación, artesanías, accesorios; en general artículos atractivos y de bajo precio. Hace un año pude por fin encontrar un modelo de zapatos deportivos que había buscado por todo Querétaro. Me gusta también el hecho que ahí se ofrezcan todo tipo de productos regionales; una vez más encontré en la feria al señor Varela que vendía su amplia variedad de licores (ver Un marrazo de diez centavos por favor, mayo 2009). Hay también por las noches, como en todas las ferias del país, peleas de gallos acompañadas del espectáculo de algún artista de renombre nacional. En una parte del recito ferial hay también juegos mecánicos. Pero la parte que más me gusta se encuentra en el tercer gran pabellón, la exposición ganadera. Para un habitante de ciudad resulta interesante ver completos y vivos a aquellos animales que de forma cotidiana encuentra ya empaquetados o preparados en tacos o comida diaria. Quizá cuando paseamos por el campo podemos ver algunas vacas, caballos o borregos, pero nunca de forma tan cercana y mucho menos del tamaño y belleza de los que se exhiben en la feria; confieso mi asombro de citadino ante la exposición ganadera. Como el pabellón no es tan grande, los diversos tipos de ganado se exhiben en determinados días a lo largo del calendario de la feria. En mi primera visita a la feria pude ver ganado ovino de un tamaño que nunca había encontrado por los campos. En mi más reciente visita vi gigantescas vacas que producen casi 50 litros diarios de leche en dos ordeñas, así como caballos tan hermosos como el de la estatua ecuestre de Carlos IV. Todo el día se exhibe ganado y a ciertas horas algunos ejemplares participan en competidos e interesantes concursos. La feria de Querétaro es pues un evento que ofrece atractivos de todo tipo para familias, jóvenes, niños o ganaderos, es diversión muy variada y para todo un día, bien vale la pena visitarla al menos una vez al año.

lunes, 15 de febrero de 2010

De samosas, chutneys y curry.











La India en Querétaro.
Hace algunos días cuando paseaba por el centro de la ciudad pasé frente a un restaurante de comida de la India. La rica y condimentada gastronomía de este interesante país es conocida en todo el mundo, en especial algunos de sus ingredientes y condimentos, pero en México hay pocos lugares que la ofrezcan; tan sólo recuerdo el restaurante de El elefante blanco, en la plaza San Jacinto, San Ángel en la ciudad de México. Hay muchos lugares que ofrecen comida china, argentina, española, japonesa o libanesa y apenas unos cuantos de comida india; me resulta extraño pues se parece a nuestra gastronomía en lo intenso y variado de sus sabores, quizá su marcado vegetarianismo sea la razón de que no tenga éxito entre los carnívoros mexicanos. Mi amiga y colega Crista Crummer me había hablado del lugar, pero no lo había localizado. Al parecer hace cerca de dos años inició operaciones allá por la calle de Felipe Ángeles, al norte de la ciudad. El chef es inglés, muy joven y seguramente seleccionó para el menú del lugar una breve lista de los platillos más atractivos o representativos de la cocina india. En la noche que encontré el lugar compré un platillo para llevar y compartirlo con mi esposa en casa, pero el sábado pasado ambos lo visitamos con calma y muchos deseos de probar lo más posible. Pienso ahora es mejor visitarlo varias veces y poco a poco descubrir las características de sus platillos. No se come tanto como en restaurantes españoles o chinos, pero algunos platos son muy condimentados; bueno, luego de una fuerte comida, siempre se podrá caminar por el hermoso y tranquilo centro de la ciudad.
Bhaji comida hindú está situado en la calle de independencia número 72, apenas a unos ciento cincuenta metros de la Plaza de Armas, en el centro de la ciudad; abre de martes a sábado de las dos a las diez y en domingos de las dos a las cinco. El lugar está decorado con sencillez y buen gusto, es pequeño, pues tiene apenas cerca de diez mesas; el servicio es amable y eficiente, pero no se trata de un lugar de comida rápida. Bhaji ofrece variedad a los queretanos amigos de la buena comida y la oportunidad de pasar un rato muy agradable disfrutando sus elaborados platillos y tratando de adivinar los condimentos o ingredientes de comida tan poco común en nuestro país.

lunes, 11 de enero de 2010

¡A comeeeer!







Las Charolas de Saavedra.
Comer es uno de los grandes placeres en este mundo, esta necesidad básica del hombre, simplemente nutrirse para sobrevivir, se convirtió con el paso de los siglos en una actividad compleja, sofisticada y atractiva, al grado que hoy se le dedican, libros, programas de televisión, estudios universitarios e incluso su placentero exceso se convirtió en uno de los 7 pecados capitales (la gula). La humanidad ha encontrado miles de elementos comestibles, los combinó y los hizo todavía más atractivos tras intrincados procesos que conocemos como cocinar. El placer de comer un exquisito platillo sólo se ve superado por el de degustar múltiples y variados platillos en pequeñas proporciones. Este tipo de comida conformada por pequeñas porciones de una gran variedad la encontramos en muchas culturas del mundo; las tapas españolas, la comida china, el smorgasbord escandinavo. México no es la excepción, tenemos la botana en las cantinas, los famosos antojitos, los tacos, quesadillas, molotes, tamales, tostadas; todos con variados ingredientes y aderezos. Precisamente hace unos días visité un establecimiento que es prueba fehaciente de nuestra búsqueda por el máximo placer al cumplir con la necesidad de alimentarlos. Ya había visto el establecimiento meses antes y despertaba mi curiosidad, incluso mi colega y amigo Jesús Ramírez me había hablado del lugar. Se llama Charolas Saavedra y se encuentra en la Calle de Nicolás Bravo, número 32 A, justo antes del paso a desnivel bajo las vías del ferrocarril, calle que más al norte cambiará de nombre a Felipe Ángeles. El local es muy amplio, quizá una antigua bodega, sin mayor sofisticacion o elegancia, pero con espacio suficiente para dar cabida a decenas de tragones. La especialidad del lugar son sus charolas, amplios platones que contienen una variedad de alimentos en pequeñas proporciones y que se acompañan con abundantes tortillas para hacerse con ellos deliciosos tacos. Hay charolas para una, dos, tres, diez personas o más y entre mayor es el número de comensales, mayor es también la variedad de ingredientes. Se pueden también pedir charolas con alimentos al gusto. Un sábado muy temprano visité el lugar acompañado de mi esposa e hijas. Pregunté por el tipo de comida y la forma de pedirla, sabiamente la persona encargada me recomendó una charola para dos personas. En un platón se nos sirvieron nopales, sesos, frijoles refritos, carnitas de cerdo, cecina de res, cecina de puerco, chicharrón, verduras y una mano de cerdo a la vinagreta. Aunque debía ser comida suficiente para dos personas comimos cuatro y todavía nos llevamos lo sobrante en una bolsa para nuestra perra Nala. Los alimentos están bien preparados , con buen sazón y su costo es razonable. Es posible también pedir charolas para llevar. Charolas Saavedra es un espacio para alimentarse con múltiples platillos de nuestra rica y variada cocina que vale la pena disfrutar, aunque se corra el peligro de pecar de gula.
No quiero terminar esta crónica sin agradecer profundamente a mi madre el haberme enseñado a comer de todo. Sufrí en mis años de infancia por comer todo lo que mi madre me obligaba a probar, pero ahora, nunca acabaré de agradecerle que me abriera las puertas del maravilloso mundo de la comida. Hoy como absolutamente de todo y lo mejor es que pocos, pero muy pocos alimentos me desagradan. Gracias, muchas gracias Lucila Mañón, no sólo me diste la vida, compartiste conmigo el gran tesoro que descubriste e hiciste esa vida mucho más rica y placentera.

martes, 5 de enero de 2010

Días de muertos, gozo de vivos.






















Días de muertos en Querétaro.
La celebración de los días de muertos es sin duda alguna la más original de todas nuestras numerosas fiestas. Las culturas indígenas prehispánicas tenían en su calendario ritual dos fechas para conmemorar a sus muertos; la primera para los infantes muertos y la segunda para aquellos que fallecían ya adultos. Estas conmemoraciones, como en muchas otras culturas, estaban cerca del tiempo de cosecha. Durante el largo y complicado proceso de evangelización de los indígenas conquistados, éstos identificaron dos fechas del calendario católico en las que podían practicar sus ritos funerarios ancestrales, adaptándolos o declarándolos cristianos. Así primero y dos de noviembre se convirtieron en los días de muertos, en un proceso ejemplar de sincretismo. El primero de noviembre fue entonces al día de los muertos infantes y el día 2 el de los difuntos adultos y no precisamente los días de Todos Santos y de los Fieles Difuntos como aparecen en el calendario cristiano. La cultura mexicana es bien conocida en el mundo entero por sus particular tratamiento de la muerte y en estos días se pueden ver por todo el país sus principales ritos: la visita familiar a los panteones, las ofrendas domésticas a los muertos, las publicación de calaveras; graciosos versos que hablan de la muerte de conocidos personajes todavía vivos, la preparación de platillos especiales y muchas otras costumbres regionales.
Querétaro no es la excepción a estas prácticas rituales, aunque es bien cierto que entre más al norte del país se esté, menores serán las tradiciones con origen en las culturas indígenas. Las celebraciones de días de muertos son tan importantes como aquellas de Semana Santa y mucho más mexicanas u originales. En las plazas del centro de la ciudad se colocan muchos puestos que venden juguetes, dulces, alimentos y muchos objetos para colocar en los hogares las ofrendas a los familiares muertos. Pocas personas conocen y siguen la tradición de poner una ofrenda el día primero en colores claros o blanco con dulces, juguetes y alimentos propios de los niños. Hasta hace algunas décadas la mortandad infantil era tal en nuestro país, que prácticamente todas las familias habrían perdido algún miembro durante la infancia. En la noche de ese día, la primera ofrenda se debe levantar y colocar la ofrenda de los adultos para el día 2 de noviembre. El jardín Guerrero se llena de decenas de puestos, mismos que necesitan y gozan de la amplia sombra de sus arboledas de laurel de la India. Se venden las tradicionales calaveritas (cráneos) de azúcar, otras hechas de chocolate, figuras de esqueletos hechos de pasta de azúcar o alfeñique, dulces de todo tipo, esqueletos hechos de cartón, juguetes tradicionales de madera o cartón. En la Plaza de Armas, en el patio central del Palacio de Gobierno, en escuelas y en algunos centros comerciales se colocan también grandes altares de muertos. Todas estas ofrendas son muy hermosas y hasta espectaculares, pero la tradición es colocar altares familiares en los hogares, ahí es su espacio propio y donde tienen sentido. Las ofrendas fuera del hogar dejan de ser folklore y se convierten en fakelore; son atractivas, revitalizan nuestras tradiciones, pero desvirtúan el sentido original de las mismas. Caminando por las calles de Querétaro encontré una hermosa ofrenda familiar colocada en la entrada de la casa y con la gran puerta abierta; así tendrían que ser nuestras ofrendas, en el ámbito familiar. Los días de muertos siguen siendo fechas para recordar a los familiares o amigos que se han adelantado en el camino hacia el más allá, pero son también días de cierta felicidad, de gozo poco solemne, prácticamente sin tristeza. Todavía habría que describir la otra parte tan importante de estos días, la visita familiar a los panteones o cementerios a ver las tumbas de los familiares o amigos difuntos, limpiarlas o arreglarlas y quizá pronunciar alguna oración. Por muchos años los días de muertos fueron de visita obligada al panteón de la Leona en Cuernavaca, donde descansan mis ancestros Mañón. Ahora ya como adulto no visito tumbas en estos días, pero trato de colocar siempre en casa una modesta ofrenda para mis muertos. Trata de hacer lo mismo y mantener nuestras tradiciones y cultura ante el embate del Halloween y la globalización.