martes, 5 de enero de 2010

Días de muertos, gozo de vivos.






















Días de muertos en Querétaro.
La celebración de los días de muertos es sin duda alguna la más original de todas nuestras numerosas fiestas. Las culturas indígenas prehispánicas tenían en su calendario ritual dos fechas para conmemorar a sus muertos; la primera para los infantes muertos y la segunda para aquellos que fallecían ya adultos. Estas conmemoraciones, como en muchas otras culturas, estaban cerca del tiempo de cosecha. Durante el largo y complicado proceso de evangelización de los indígenas conquistados, éstos identificaron dos fechas del calendario católico en las que podían practicar sus ritos funerarios ancestrales, adaptándolos o declarándolos cristianos. Así primero y dos de noviembre se convirtieron en los días de muertos, en un proceso ejemplar de sincretismo. El primero de noviembre fue entonces al día de los muertos infantes y el día 2 el de los difuntos adultos y no precisamente los días de Todos Santos y de los Fieles Difuntos como aparecen en el calendario cristiano. La cultura mexicana es bien conocida en el mundo entero por sus particular tratamiento de la muerte y en estos días se pueden ver por todo el país sus principales ritos: la visita familiar a los panteones, las ofrendas domésticas a los muertos, las publicación de calaveras; graciosos versos que hablan de la muerte de conocidos personajes todavía vivos, la preparación de platillos especiales y muchas otras costumbres regionales.
Querétaro no es la excepción a estas prácticas rituales, aunque es bien cierto que entre más al norte del país se esté, menores serán las tradiciones con origen en las culturas indígenas. Las celebraciones de días de muertos son tan importantes como aquellas de Semana Santa y mucho más mexicanas u originales. En las plazas del centro de la ciudad se colocan muchos puestos que venden juguetes, dulces, alimentos y muchos objetos para colocar en los hogares las ofrendas a los familiares muertos. Pocas personas conocen y siguen la tradición de poner una ofrenda el día primero en colores claros o blanco con dulces, juguetes y alimentos propios de los niños. Hasta hace algunas décadas la mortandad infantil era tal en nuestro país, que prácticamente todas las familias habrían perdido algún miembro durante la infancia. En la noche de ese día, la primera ofrenda se debe levantar y colocar la ofrenda de los adultos para el día 2 de noviembre. El jardín Guerrero se llena de decenas de puestos, mismos que necesitan y gozan de la amplia sombra de sus arboledas de laurel de la India. Se venden las tradicionales calaveritas (cráneos) de azúcar, otras hechas de chocolate, figuras de esqueletos hechos de pasta de azúcar o alfeñique, dulces de todo tipo, esqueletos hechos de cartón, juguetes tradicionales de madera o cartón. En la Plaza de Armas, en el patio central del Palacio de Gobierno, en escuelas y en algunos centros comerciales se colocan también grandes altares de muertos. Todas estas ofrendas son muy hermosas y hasta espectaculares, pero la tradición es colocar altares familiares en los hogares, ahí es su espacio propio y donde tienen sentido. Las ofrendas fuera del hogar dejan de ser folklore y se convierten en fakelore; son atractivas, revitalizan nuestras tradiciones, pero desvirtúan el sentido original de las mismas. Caminando por las calles de Querétaro encontré una hermosa ofrenda familiar colocada en la entrada de la casa y con la gran puerta abierta; así tendrían que ser nuestras ofrendas, en el ámbito familiar. Los días de muertos siguen siendo fechas para recordar a los familiares o amigos que se han adelantado en el camino hacia el más allá, pero son también días de cierta felicidad, de gozo poco solemne, prácticamente sin tristeza. Todavía habría que describir la otra parte tan importante de estos días, la visita familiar a los panteones o cementerios a ver las tumbas de los familiares o amigos difuntos, limpiarlas o arreglarlas y quizá pronunciar alguna oración. Por muchos años los días de muertos fueron de visita obligada al panteón de la Leona en Cuernavaca, donde descansan mis ancestros Mañón. Ahora ya como adulto no visito tumbas en estos días, pero trato de colocar siempre en casa una modesta ofrenda para mis muertos. Trata de hacer lo mismo y mantener nuestras tradiciones y cultura ante el embate del Halloween y la globalización.

2 comentarios:

El Lutzzz... dijo...

Por cierto, viejo, que en la primera foto de estas ofrendas sí que se ve algo digno de ser gozado por los vivos... dos calaquitas azucaradas muy dignas al paladar...

Azucena dijo...

Profe, puedo citarlo para mi international culture society? puedo puedo!!!!??? me toca día de muertos y esto es mejor que wikipedia