lunes, 23 de mayo de 2016

Rusia y México distantes pero amigos.

Comida rusa en la ciudad de México.
Rusia es sin duda un país muy remoto de México, pero por especiales circunstancias, hemos tenido cordiales relaciones por muchos años.  Nuestro primer contacto fue el momento de surgir México a la vida independiente en 1821, Rusia mantenía algunos asentamientos comerciales en el noroeste antes novohispano y después mexicano en lo que ahora es el estado norteamericano de California; rusos y mexicanos iniciaron ahí su relación. Formalmente fue en el Porfiriato que ambos países establecieron relaciones diplomáticas en el año de 1890. En el siglo XX una coincidencia acercaría más a estos países, ambos experimentaron revoluciones sociales con menos de una década de diferencia. La Revolución Mexicana, sin duda llamó la atención a todo el mundo, incluso a los rusos. Cuando Rusia tuvo su revolución y se convirtió en la Unión Soviética, era como de esperarse un acercamiento entre dos regímenes que buscaban reformar y mejorar sus sociedades.  Así en 1924 México fue el primer país latinoamericano en reconocer al gobierno soviético y pronto inició relaciones no solo diplomáticas, también comerciales y sobre todo culturales. Artistas de ambos países visitarían a su distante país amigo y lo mismo dejarían influencia que se llevarían ideas y gratos recuerdos. Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros por menciona algunos de los mexicanos y la bailarina de ballet Anna Pavlova (1919), el director de cine Serguéi Eisenstein por parte de los rusos  (1930-32). Otro importante visitante fue León Trotsky (1936-40). Aunque los dos países suspendieron sus relaciones diplomáticas por casi una década (1930-42) las relaciones artísticas y políticas continuaron. Más tarde un par de presidentes mexicanos visitaron la Unión Soviética, Echeverría y López Portillo. Pero los contactos y coincidencias son muchas y solo mencionaré una más, por extraña e interesante. El ciudadano soviétivo Yuri Knórosov logró descifrar la antigua escritura glífica maya, sin haber estado nunca en México.  Knórosov participó en la toma de Berlín como soldado del ejército soviético en 1945. En la biblioteca de esa ciudad encontró dos textos sobre los mayas con muestras de su hermosa y compleja escritura. El soldado estudió historia, aprendió maya y se propuso descifrar los glifos de ese pueblo que habitó tan lejana región del mundo. Pues casi 30 años después el mundo académico reconoció el genio y gran logro del soviético que propuso una nueva y precisa forma de leer los glifos del Mayab. Ya muy anciano y a finales del siglo, pudo Knórosov visitar por fin la tierra de los mayas.




Personalmente recuerdo mucho a fines de los años ochenta o inicios de los noventa una gran exhibición de productos rusos o soviéticos que hubo en un centro comercial del sur de la ciudad de México, Plaza Inn.  No recuerdo si fue en los años de la Perestroika soviética o ya en los años de Rusia como estado independiente tras 1991. Al visitarla recuerdo haber pensado que una nueva época con un mayor contacto entre rusos y mexicanos estaba por iniciar y que pronto veríamos muchos productos de la tierra de Tolstói en México.  Aunque hoy nuestros países tienen un intercambio comercial importante, no creció al nivel que me lo había imaginado. Es precisamente por esto que tan pronto supe que había un restaurante ruso en la ciudad de México, me propuse visitarlo lo antes posible, para acercarme tan solo un poco a esa cultura tan lejana y a la vez tan constante e importante para nosotros los mexicanos. El lugar se llama Kolobok Restaurante Ruso y está en la Avenida Universidad, a unos cuantos metros de la esquina con el Eje 6 sur, Ángel Urraza. Ahí me enteré que hay otro Kolobok en Santa María la Rivera en la parte norte de la ciudad. Recuerdo que hace unos 20 o más años hubo un restaurante con comida rusa en la colonia Insurgentes Mixcoac, pero era muy pequeño y con una carta muy sencilla. Pues Kolobok ofrece variedad de platillos, algunos algo conocidos como blinis rellenos, borshch, bef stróganov o pollo a la Kiev y muchos otros platos y bebidas por descubrir. El lugar es amplio, bien iluminado y ornamentado de forma discreta. La comida rusa tiene una variedad de ingredientes, conocidos en pero poco usados en México. Muchas verduras y frutas, sabores no tan fuertes o condimentados, pero atractivos e interesantes. Kolobok ofrece también bebidas alcohólicas rusas e incluso vende también algunas artesanías. Si lo único que conoces de Rusia es el vodka, visita Kolobok y conoce un poco más de esta lejana nación amiga de México.