jueves, 18 de enero de 2018

No conozco los lugares en los que he estado.

Eterno descubrimiento
A veces me preguntan qué estados de México o países conozco y la verdad es que he visitado algunos, pero no conozco ninguno. Viajar es sin duda un gran placer donde se aprende, pero difícilmente se llegan a conocer los lugares visitados. “Tener una idea clara de las cosas” es como definen conocer e implica un buen o cabal entendimiento del objeto. Sin duda en cada visita que uno repite a cualquier lugar aumenta lo descubierto, pero cuándo podríamos decir que en verdad conocemos.  Casi medio siglo viví en la ciudad de México y todavía la sigo descubriendo. Hay un sinnúmero de museos, estaciones del metro, restaurantes, taquerías, pulquerías, cantinas, galerías, edificios históricos, calles, cines, parques, escuelas, bibliotecas, mercados, barrios, que seguro no conozco y ni siquiera he visitado. Esta consideración no debe desanimarnos, por el contrario, debe alentarnos a seguir viajando y encontrando al tener en mente que el placer de descubrir y aprender es prácticamente infinito como la Biblioteca de Babel. Con las personas es quizá todavía más complejo; contradeciré al compositor de las rimas forzadas Arjona, que en su canción Te conozco presume de ser un experto en su antigua pareja, quiero pensar que todavía hay mucho que encontrar en mi esposa Estrella con la que tengo casi 40 años de compartir la vida. Modificaré pues la sentencia de Orozco, “cuando visito no conozco”.






El año pasado estuve una vez más la población de Bernal, que por su reducido tamaño y múltiples visitas previas no me gustaba ya tanto. Esta vez acompañé a un pequeño grupo de estudiantes, que con el grupo estudiantil Reflex de aficionados a la fotografía, participaron en un campamento fotográfico. Estuvimos apenas un par de días, pero por primera vez pernocté ahí y encontré que hay en este Pueblo Mágico mucho más de lo que había imaginado. Había comido en sus restaurantes y mercado, visitado muchas de sus tiendas, caminado sus calles, pero nunca pensé en lo que podría haber tras la peña. Para reducir los costos del viaje no usamos un hotel o cabaña, nos quedamos en el albergue Chichidhó que se encuentra a unos cuantos cientos de metros del monolito, en su parte casi desconocida por estar en el lado opuesto a la población.  Chichidhó EcoPark es más que un lugar para pasar las noches, la propiedad abarca casi 20 hectáreas y además de las instalaciones de hospedaje tiene mucha naturaleza en senderos, rocas, flora y fauna. Para llegar en auto debe uno pasar Bernal y enfilarse hacia Tolimán, pero apenas un par de kilómetros adelante se encuentra el poblado de San Antonio de la Cal, por ahí se entra y se avanza varios centros de metros al otro extremo de la población. También desde el lugar donde inicia la tradicional subida a la peña, siguiendo hasta el fondo de la calle Corregidora, tras una puerta de madera inicia un sendero que conduce por unos dos kilómetros de hermosa y tranquila caminata hasta el campamento. En Chichidhó no hay restaurante, pero sí una gran cocina que los huéspedes pueden usar para preparar sus alimentos. Hay también varias mesas en una terraza con una insuperable vista hacia el Bernal. 







Aunque el albergue cuenta con algunas habitaciones, la mayor parte de los huéspedes pernoctan en tiendas de campaña y debe haber espacio para decenas de ellas. Hay lugar para fogatas y por supuesto baños y regaderas para los campistas.  La mayor parte de los que visitan Chichidhó son aficionados a la escalada en roca y bueno ahí está la roca más grande de México con múltiples rutas de escalada de variados grados de dificultad.  Se les ve pasar con sus cascos, arneses, mosquetones, cintas, cuerdas, zapatos especiales y los voluminosos crash pads. Puedes ir con tus canes, pero debes hacerte responsable de ellos. Aunque no escales en roca, puedes visitar el lugar, disfrutar su tranquilidad, caminar por sus senderos, dormir bajo las estrellas y descansar plácidamente.   






martes, 28 de noviembre de 2017

El sol sale por el poniente de Querétaro.



Restaurante Tsuru.
Desde hace quinientos años que México tiene relaciones con el Japón. En el mismo siglo de la conquista española, barcos salieron desde Acapulco a explorar el océano Pacífico y encontraron, las Filipinas, China, Corea, Indochina y Japón. El archipiélago filipino se convirtió en colonia española, pero para los mexicanos (novohispanos) de aquel tiempo toda Asia era China y todo persona con origen en esos rumbos era llamado chino. Así también le pasó a es famoso barco que traía a Acapulco seda, marfil, porcelana, especias, muebles y otras lujosas mercancías desde las Filipinas y que era conocida como la Nao de la China. Fue en Japón que murió como mártir el primer santo mexicano, San Felipe de Jesús, nativo de la ciudad de México (1597).  Y aunque ambos gobiernos tuvieron ciertas relaciones desde la época colonial, no fueron estas ya formales o diplomáticas sino hasta 1874. Ya para el Porfiriato apareció una pequeña colonia japonesa en México y desde entonces su presencia ha ido aumentando. Seguramente los nativos del Nippon sufrieron en la primera mitad del siglo XX parte del rechazo que había en México hacia los inmigrantes chinos (véase Chinatown chilango, julio 2014). Ha de haber sido en la segunda mitad de ese siglo cuando aparecieron los primeros restaurantes japoneses. Como toda comida de cierto país hecha en otra parte del mundo, el principal obstáculo a su autenticidad es la falta de ingredientes originales. Así que me imagino que por muchos años la comida de estos restaurantes era “japonesa” con los ingredientes disponibles o equivalentes.  En los años ochenta empezaron a volverse comunes los lugares de sushi, pero estos son apenas una pequeña parte de la gastronomía de ese país. Ahora dentro del proceso de globalización que permite mayor contacto y comercio la comida japonesa debe de ser un poco más auténtica, aunque quizá la gran variedad de pescado y sobre todo mariscos que consumen en Japón no sea muy del gusto de los mexicanos y poco se preparen aquí.












Nippon es el nombre original de ese país que conocemos como Japón. Su denominación significa oriente o por donde sale el sol; es por eso curioso que en Querétaro el sol de la cocina japonesa salga por el poniente y no el oriente. El Restaurante Japonés Tsuru se encuentra en el oeste de la ciudad, precisamente en la margen del río Querétaro (calle río Queretaro #22), unos 50 metros después de que éste cruce la avenida 5 de febrero. El restaurante se encuentra en una gran casa cuya arquitectura me recordó un balneario u hotel de los años cincuenta o sesenta del siglo pasado. El lugar es sencillo, nunca he estado en Japón, pero me imagino que ahí debe haber también pequeños restaurantes caseros o familiares y así sentí el Tsuru. No tiene ni el lujo, fastuosidad y altos precios del afamado Suntory u otros restaurantes japoneses (véase Japón en Querétaro, Marzo 2016), pero tiene buena y honesta comida japonesa. Sus dueños y muchos de sus clientes japoneses garantizan su autenticidad. Aunque el lugar se anuncia como restaurante de ramen (fideos) hay mucho más que eso. Se ofrece una muy buena selección de platillos japoneses de todo tipo: ramen obviamente, sushi, kushiage, yakimeshi,  teppanyaki, sashimi, tempura, gyozu, katsudon, yakisoba, yakitori y mucho  platillos más con arroz, alga nori, jengibre, ajonjolí, hongos, tofu, miso, pescado, camarones cerdo, pollo y muchas verduras. No hay las decenas de mariscos que se comen en Japón, que son desconocidos para los mexicanos, pues de seguro no se consumirían y aumentarían sus muy razonables precios. El servicio es bueno, aunque puede ser un poco tardado en fines de semana cuando se llena el lugar. Visita Tsuru y verás que se convertirá en uno de tus restaurantes favoritos en Querétaro. 







martes, 14 de noviembre de 2017

Marruecos en Querétaro.



Fortaleza del sabor.
En el extremo noroeste del continente africano se encuentra Marruecos, en la región conocida como el Magreb (occidente) precisamente. En México poca relación o información tenemos con este país a pesar de que fue importante colonia española por un tiempo y luego francesa.  Su nombre nos sugiere una cultura exótica, desierto, caravanas, camellos comercio de especias, hermosos artículos de metal o de cuero (el termino marroquinería se da a bolsas o carteras elaboradas en cuero). Pensamos también en ricos mercados o zocos, llenos de personas, gran actividad y constante regateo. Este país va asociado a un nombre que todo cinéfilo reconoce como importante, pero quizá sin precisar su localización: Casablanca. El nombre de este puerto marroquí es el título de una de las películas más famosas de tiempos de la Segunda Guerra Mundial (1942) y que inmortalizó la sublime belleza de Ingrid Bergman, la peculiar masculinidad de Humphrey Bogart, la canción As times goes by y el escenario de este tormentoso amor, el bar Rick’s.  


"Here's looking at you kid"


Pues ahora en Querétaro tenemos la oportunidad de acercarnos un poco a esta tierra que pareciera remota y tan extraña, pero a la vez tan atractiva. En la calle de Independencia número 131, justo a un costado del atrio del templo de la Cruz se encuentra el restaurante Marroquí Kasbah (Moroccan Food). En una vieja casa queretana se ha ambientado un lugar marroquí. Kasbah significa fortaleza o ciudadela, pues en tiempos antiguos de activo comercio en caravanas de camellos por el desierto del norte de África las fortificaciones identificaron la arquitectura de esa región. Recuerden las películas de desiertos y legionarios en edificios como estos (Beau Geste). A finales del siglo VII el Islam llegó a Marruecos y agregó a la arquitectura de la región, celosías, arabescos, jardines interiores, fuentes y cúpulas. Más que una fortaleza, Kasbah nos recuerda un palacio musulmán, con un pequeño patio interior, una fuente, celosías, tapetes, diseños geométricos o arabescos, mucha tranquilidad, gusto por la vida y belleza.





La comida de Marruecos comparte muchos platillos e ingredientes con las cocinas del norte del África o Medio Oriente, es pues lo que comúnmente llamamos en México comida árabe. El menú es amplio, sutilmente condimentado y ofrece brochetas, tagines, kebabs, falafel, shawarma, cuscús, ensaladas, postres y mucho más. Desde temprano hay desayunos, se sirven comidas y por las noches es bar; se ofrece un espectáculo de danza árabe e incluso puede uno disfrutar de estas pipas árabes, narguile o shisha. Me gusta que se ofrezcan platillos que combinan varios alimentos, para que dos o tres personas puedan compartir y probar muchos platos que tomarían tres, cuatro o más visitas si uno ordenara platillos individuales. Yo lo visité a mediodía pues no soy noctámbulo, pero me imagino que ya de noche el lugar es más misterioso y atractivo. Tan solo espero que en el transcurso de la noche a veces se escuche suavemente As time goes by para disfrutar el dolor producido por aquella, la que se fue.






martes, 31 de octubre de 2017

Asia en Querétaro




La Frikiplaza
La influencia de otras culturas aumenta día a día en México y en Querétaro como parte del proceso conocido como Globalización. Obviamente la mayor influencia fue, ha sido y sigue siendo la de los Estados Unidos; es por eso que me llama la atención la presencia de elementos de tres culturas asiáticas en un muy particular espacio queretano. Muchos ya conocemos la llamada Plaza de la Tecnología, en la esquina de Manuel Tolsá y Zaragoza, entre la Alameda y el mercado Escobedo. Me imagino que muchos hemos visitado este edificio con decenas de pequeñas tiendas que venden todo lo que uno pudiera necesitar en moderna tecnología: computadoras, cargadores, memorias internas y externas, teléfonos celulares, micas, estuches, consolas de videojuegos, pilas, pantallas, tabletas y por supuesto servicio de reparación de todo lo anterior.












Apenas hace unos días me enteré que en el primer piso del mismo edificio hay un espacio llamado la Frikiplaza Zone, es todo un piso donde uno encuentra varios puestos de comida y sobre todo tiendas que expenden variados productos chinos, coreanos y japoneses. Este lugar reúne a todos aquellos aficionados (geeks) a varios pasatiempos o actividades con origen en estos tres países. Las tiendas venden manga, anime, hentai y todo lo relacionado a lo mismo. Hay también venta de videojuegos nuevos o clásicos del pasado, se venden y reparan consolas de juego. No faltan las golosinas y bebidas de origen japonés, chino o coreano, por supuesto el famoso Pocky. Venden también cartas para coleccionar o jugar, de las cuales ignoro los nombres y la manera en que se juegan. Hay juguetes para coleccionistas, gorras, ropa, muñecos de peluche, llaveros y todo tipo de gadgets relacionados con esta subcultura asiática. No es el único lugar con este tipo de artículos en Querétaro, pero quizá el más amplio. Decenas de personas se reúnen ahí, pues además de comprar objetos de su afición pueden también jugar cartas en amplias mesas, usar juegos electrónicos e incluso decenas de personas aprenden el baile coreano K-pop frente a grandes espejos.  En el mismo lugar hay también algunos negocios que venden productos electrónicos chinos por mayoreo y menudeo. Si la necesidad te vuelve a llevar a la Plaza de la Tecnología, date un tiempo para visitar la Frikiplaza Zone por lo especial e interesante que resultan este tipo de actividades, objetos y aficiones.