miércoles, 28 de mayo de 2014

Sencillos placeres de una época que no volverá.

















Singular museo.

De las decenas de museos que hay en la ciudad de México uno de los más originales  y atractivos es el Museo del Juguete Antiguo México (MUJAM).  En primer lugar no es una institución del gobierno, sino particular y tampoco es patrocinada por una o varias grandes corporaciones, seguramente lo crearon y mantienen algunas personas de no muy amplios recursos. Los museos generalmente muestran objetos e información de los más variados temas: historia, arte, economía, zapatos, muebles, cerámica, tecnología o automóviles. Podemos tener  interés en algunos de estos temas, pero el juguete es algo que todos disfrutamos en nuestra reciente o lejana infancia y ver esos juguetes para recordar o conocer con lo que otras personas y en otras épocas jugaron es sin duda atractivo para todos. La localización de Museo es poco común, la colonia Doctores (Dr. Olvera 15, a media cuadra del Eje Central), a un par de cuadra del Mercado Hidalgo, tradicional lugar especializado en la venta de materiales de construcción y plomería. El recinto en el que se encuentra es también único, un antiguo edificio de departamentos construido allá por los años cincuenta o sesenta del siglo pasado. En la planta baja hay una tienda-restaurante ligada al museo, pues además de vender comida (japonesa?!), compran, cambian y venden juguetes antiguos o poco comunes. Los pisos superiores del edificio exhiben la gigantesca colección de juguetes, cerca de 40 mil. Los hay de todos tamaños, épocas y precio, desde pequeños juguetes que venían de regalo en alimentos o dulces, hasta algunas piezas que podríamos llamar juguetes de adultos por su complejidad y alto costo. La colección se exhibe tratando de mostrar un orden o clasificación, pero hay decenas de vitrinas llenas de todo tipo de juguetes. Podría ser un museo de la vitrina, pues pareciera no haber dos iguales, de dulcería, de comedor, de joyería y algunos muebles u objetos muy extraños y originales para mostrar los juguetes. El edificio tuvo algunas modificaciones para usarlo como museo, pero no se puede decir que está adaptado por completo. Hay  pequeñas escalinatas o pasillos para ir de un departamento a otro, al caminar por sus salones se puede ver la diferencia del piso en lo que fueron recámaras, el comedor, la sala o la cocina de los departamentos. Hay juguetes nacionales e importados, los hay de las famosas marcas de juguetes como Plastimarx, Lili, Ledy, Lionel, Exin, Mattel o Matchbox y muchos hechos a mano o artesanalmente. Reconocí algunos de los juguetes del tiempo de mi infancia y me sentí como si pronto me debieran a exhibir en el Museo Nacional de Historia. Identifique aquellos cohetes de plástico con un como clavo en la punta que se arrojaban hacia arriba y al caer detonaban una chinampina que se les ponía en la cabeza. Está el Capitán Boy de Ledy, un pequeño muñeco astronauta que en la mochila de su espalda tenía un par de pilas y dentro de su torso un motor eléctrico, un eje con un engrane salía desde ese motor entre las piernas y al sentarse el Capitán Boy en diversos naves, el engrane se conectaba con otros engranes del vehículo y los ponía en movimiento. Están muchos de aquellos burdos juguetes de plástico que vendía a peso o dos pesos en los mercados y que me entretuvieron en infinidad de horas felices. Hay de aquellos muñecos de yeso con forma de luchador enmascarado que eran los premios en los juegos de las ferias y que servían de adorno y alcancía.  Hay autos de todos los materiales y tamaños; trenes, robots, muñecas, aviones, barcos, armas, máquinas, autopistas y todo aquello con lo que jugamos y ya olvidamos. Incluso tienen en exhibición dos de aquellos pequeños autobuses urbanos hechos de madera en los que los infantes podían pasear  los domingos en algunos parques  de la ciudad (uno de ellos convertido en vitrina). Por el esfuerzo de mantener este espacio de añoranza, por lo original de su recinto y ante todo por la riqueza de recuerdos que nos trae a la mente su riquísima colección, por eso debemos visitar este maravilloso museo.  

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