miércoles, 15 de junio de 2011

Hércules.

























Rico pasado.
La ciudad de Querétaro ha crecido mucho y muy rápido en las últimas tres décadas, ya poco o nada queda de la tranquila y sencilla vida que por siglos disfrutó. Esa ciudad que fue pequeña hasta mediados del siglo pasado, es hoy apenas lo que llaman el centro. Sigue sin duda hermosa y llena de atractivos, pero con intensa actividad y la presencia de muchas personas más. Una de las pocas partes de la ciudad que mantiene algo de la tranquilidad y sencillez de la vida provinciana es Hércules; población en antaño independiente, a unos tres kilómetros del centro de la ciudad y que hoy es ya parte de la misma. El acueducto nos señala el camino hacia este lugar, pues el agua provenía de los manantiales del Capulín en los límites de Hércules. Esta población está de hecho geográficamente en la Cañada, zona en la que habitaban originalmente los indígenas en los tiempos del arribo de los españoles. Es por esta cañada o espacio de tierra entre dos alturas, que llega al valle de la ciudad de Querétaro el río del mismo nombre (y también el tren que viene de la ciudad de México), pero había también manantiales como el del Capulín. No confundan la característica geográfica descrita con el pueblo de La Cañada que se encuentra un poco más retirado y que es una entidad separada e incluso rival de Hércules.
Fue allá por el siglo XVI cuando Diego de Tapia, hijo de Conín el indígena que ayudó a los españoles a someter a los nativos de la zona, abrió en lo que hoy es Hércules el llamado Molino Colorado que aprovechaba el cauce del río para mover su maquinaria. Ese establecimiento funcionó hasta 1838, cuando el español Cayetano Rubio compró la propiedad para establecen en la misma una fábrica textil. En la cercana ciudad había ya cientos de telares domésticos que producían todo tipo de géneros para la región y otras partes del nuevo país. Fue precisamente el nombre que se le dio a la fábrica, El Hércules, el que se transfirió a la población que en su entorno surgiría. Se tuvieron que realizar importantes obras hidráulicas y traer maquinaria textil de origen inglés desde el puerto de Tampico para que la producción iniciara en 1846. Es importante señalar que Querétaro se colocaba a la vanguardia en la industrialización de México. Por lo regular se asume que este proceso inició hasta los tiempos del Porfiriato y aquí tenemos a Querétaro abriendo una moderna fábrica casi treinta años antes. Sobra decir que la aparición del Hércules provocó la desaparición de los numerosos telares que antes funcionaran por toda la ciudad y llevó a muchos de sus operarios a emplearse en el recién abierto establecimiento fabril. Seguramente muchos de los nuevos obreros terminaron estableciéndose en los alrededores de la fábrica, pues la ciudad estaba todavía retirada, se tenían que cruzar los amplios campos de la hacienda de Carretas. Cayetano Rubio construyó algunas de esas viviendas y con el tiempo una Iglesia, una escuela y algunos otros servicios. La población creció en tamaño e importancia y en 1883 llegó a ella el servicio de tranvía para comunicarla con la ciudad de Querétaro. Aunque hoy se reconoce a Cayetano Rubio la creación del centro de trabajo y población, los trabajadores de El Hércules no tuvieron derecho alguno por muchos años, cobraban con vales de la tienda de raya de la fábrica e incluso fueron desterrados del Hércules cerca de 350 de ellos cuando organizaron una huelga en 1877.
Hércules siguió creciendo, así como la fuerza y organización de los obreros que a inicios del siglo pasado tomaron el control de la fábrica; la población tuvo además de una hermosa iglesia, campos deportivos, servicio médico, un gran teatro-cine y muchas otras cosas. Después de casi siglo y medio de existir, en el año 2008 la fábrica de El Hércules cerró sus puertas, su edificio principal y naves industriales que existen todavía, se deterioran día a día y me preguntó qué será de ellas en el futuro. Pero la población sigue ahí, llena de vida, hermosa, tranquila y con una identidad muy especial. Casi todos sus habitantes son descendientes de antiguos trabajadores de la fábrica y algunos obreros retirados descansan en sus parques y recorren sus calles. En el lugar se nota que Hércules en una comunidad con identidad, personas que se conocen y han interactuado por generaciones y no anónimos vecinos.
El río serpentea con calma por la mitad de la población, sus casas son en su mayoría pequeñas, pero muy bien conservadas o decoradas, algunas otras tienen grandes huertas. Hay sin duda orgullo de ser de Hércules, de sus nieves, de su equipo de fútbol, de su fiesta de la Purísima Concepción a fines de noviembre e inicios de diciembre. Hércules es un lugar que debe visitar todo queretano, la visita ideal sería un domingo para advertir su carácter de comunidad, conocer su hermosa iglesia, caminar por sus angostas y tranquilas calles, paladear las ricas nieves de la familia Luna, disfrutar de los variados alimentos que ahí venden y respirar esa rica historia. Puede uno cerrar los ojos e imaginarse los cientos de trabajadores, todos confluyendo en la fábrica minutos antes que el silbato señalara el inicio de una larga jornada de trabajo. Pensar en las penurias sufridas durante las huelgas o lo limpia y hermosa que estuvo la población cuando Porfirio Díaz la visitó a principios del siglo pasado. Es Hércules un lugar que debe visitarse, parte del rico patrimonio histórico cultural de Querétaro.

3 comentarios:

OliverAlex dijo...

que divertida me acabo de dar en tu blog. Soy un queretano que tiene 16 años en Durango, pero en breve regreso a mi querida tierra. Andaré por aquí. saludos!

El Viejo dijo...

Gracias OliverAlex. Esa es la idea, conocer o dejar memoria de hermosos lugares. Visita los lugares reseñados ahora que regreses.

Raygoza dijo...

Tu muy bien interesante!!